miércoles, 14 de marzo de 2018

Cuando alguien a quien amas es un adicto


Mi querido amigo está enterrado debajo de años de abuso, negligencia, uso de drogas, cambio en la química cerebral y pecado. Sólo Dios puede sacarlo

Cuando le vi atravesar por primera vez la entrada de la parroquia me pregunté si se había perdido. Con la gorra hacia atrás y los pantalones holgados, caminaba contoneándose como un crío acostumbrado a exigir el respecto y el temor de los que le rodean.
Como yo era la encargada del evento de la parroquia, me armé de valor y me acerqué a recibirle.
“Hola”, dije con tono resuelto, pero amable. “¿Has venido por la noche de juegos?”.
De inmediato se esfumó la dureza de sus ojos y me miró tímidamente. Me respondió con una amplia sonrisa en su cara, “¡Sí, gracias!”, y a continuación se sentó como un chiquillo a mirar entusiasmado el juego del Uno que ya estaba en marcha.
Así conocí a mi amigo, llamémoslo Ben, en esta reunión social que había organizado para mi parroquia en Oakland. No tardó en confesarnos, a mí y a varios otros de los feligreses habituales, que acababa de salir de la cárcel. Sin embargo, nos aseguró que durante su reclusión había encontrado a Jesús y había vuelto a su fe católica.
Ben fue una inspiración para todos nosotros. Se conocía la Escritura al dedillo. Estaba repleto de entusiasmo, alegría y compasión por los demás. Era un caballero que mostraba preocupación por los mayores del grupo, siempre se interesaba por cómo estaban los demás y abrió las puertas para la llegada de otros. Su fogosidad con la fe era mayor de la que jamás había visto en alguien de su edad. A veces me preguntaba si su vocación podría ser el sacerdocio.
Pronto descubrí que Ben se crió con dos padres drogadictos. Él mismo ya se había convertido en adicto antes de llegar a la adolescencia. Con el tiempo, empezó a traficar, fue arrestado y terminó en prisión.
Allí en la cárcel, Ben pasó por una experiencia de conversión, dejó a un lado las drogas y se involucró en el ministerio católico. Cambió por completo, pero su pasado aún le perseguía y estaba dispuesto a arrastrarle de nuevo.
Cierto día, mientras íbamos en el coche con unos amigos, alguien le preguntó “Ben, ¿crees que podrías volver a caer en las drogas?”.
Supuse que su respuesta sería “¡Claro que no!”.
Pero hizo una pausa y dijo, con su franqueza característica: “No estoy seguro. Sinceramente espero que no”.
Tengo aquel momento grabado a fuego en mi memoria. Recuerdo la calle en la que entramos. Recuerdo el gesto de sorpresa en cara de mi otro amigo. Y recuerdo que pensé: “En realidad no tengo ni idea de lo que es estar en la piel de Ben”.
Al poco me mudé y me marché del Área de la Bahía de San Francisco para unirme al convento, pero mantuve el contacto. Ben no tenía muchos apoyos en su vida y yo me sentía como su hermana mayor.
Ben había estado trabajando y yendo a la escuela, pero un día me dijo que sentía que debía centrarse en cuidar de su anciana abuela, que padecía demencia. Nadie más podía cuidar de ella. Me pregunté si Ben podría manejar la situación, pero se negó a considerar otras alternativas. Renunció a su trabajo y su vida pasó a girar en torno al cuidado de su abuela.
Comencé a saber de él cada vez con menos frecuencia. Le envié algo de dinero confiando en que pudiera venir a la profesión de mis votos, pero me dijo que lo tenía difícil. Empecé a preguntarme qué estaría pasando. El Ben que yo conocí nunca se habría perdido la ceremonia de mis votos de haber tenido oportunidad. Unos meses más tarde recibí una llamada.
“Tengo que contarte algo, Theresa, y no te va a gustar. He estado tomando drogas otra vez”, dijo Ben con voz temblorosa. Y luego se apresuró a añadir: “Pero ya he parado y voy a levantar cabeza”.
Me quedé helada. “¿Qué se debe decir en una situación así?”, pensé. De inmediato me di cuenta de lo inocente que había sido, mandándole dinero, escuchando sus llamadas nerviosas y paranoides y tratando de empatizar. ¿Cómo no me había dado cuenta?
El periodo de abstinencia de Ben duró un mes o dos como mucho. Pocos meses después estaba de nuevo en prisión con cargos graves.Escribí una carta al juez pidiéndole que enviara a Ben a un centro de desintoxicación y no a la cárcel. Ben no fue a rehabilitación, pero le dieron la condicional después de unos pocos meses en la cárcel.
Cuando liberaron a Ben, un amigo de la parroquia fue a recogerle de la cárcel y le ofreció llevarle directamente a rehabilitación. Ben rechazó la oferta de manera poco convincente, argumentando que tenía que cuidar de su abuela.
Mi amigo me dijo más tarde que el Ben que recogió de la cárcel no era el mismo hombre que conocimos en la iglesia. Estaba encrespado, hiperactivo, agresivo y era incapaz de concentrarse. Nada que ver con el hombre generoso, amable e irremediablemente optimista que conocíamos. Cuando me enteré de esto, supe que era sólo cuestión de tiempo antes de que volviera a la cárcel.
No obstante, llamé por teléfono a Ben varias veces durante los meses siguientes. Cada vez que hablaba con él, le decía que le quería y que me gustaría que mantuviera el contacto, incluso si seguía yendo a rehabilitación y a grupos desintoxicación de 12 pasos.
“No hace falta que estés en un lugar perfecto para hablar conmigo”, le insistía. Incluso tras la neblina de las drogas, escuchó mi súplica y me siguió respondiendo a mensajes que le mandaba periódicamente sólo para hacerme saber que seguía vivo.
Hasta que un día no hubo respuesta.
Tuve la certeza de que había vuelto a la cárcel. Busqué su nombre en Internet y apareció una aterradora fotografía policial. Ahí estaba con una camiseta sucia y desgarrada y un rostro demacrado y macilento. Sus ojos eran fríos y duros.
Todavía no he contactado con Ben. Voy a mandarle una carta diciéndole que le quiero y que rezo para que busque la ayuda que necesita y tenga otra conversión.
Dios ya lo hizo una vez, lo puede volver a hacer.
A veces siento que mi corazón va a explotar de pena por la vida que Ben ha tenido, por las cartas que le han repartido y las elecciones que ha tomado. Me pregunto cómo es posible que Dios quisiera más a Ben que a mí, pero sé que es así y cuento con ello. Mi querido amigo está enterrado bajo años de abuso, negligencia, drogas, química cerebral alterada y pecado.
Sólo Dios puede sacarlo de ahí.
Ojalá todo el mundo hubiera tenido los padres que yo he tenido, el amor que yo he experimentado y el fuego del amor y la fe que Dios encendió y luego pacientemente reavivó en mi corazón.
Yo he visto ese mismo fuego en el corazón de Ben. Era abrasador.
Y sé que Dios lo volverá a encender, si Ben se lo permite.
Por favor, permíteselo.
Querido Dios, un ser querido mío es drogadicto. Sé que no puedo hacer nada para llegar hasta él. La lógica, las palabras perfectas, incluso el amor, a veces no bastan para atravesar la niebla. Eres el único que puede ayudar a __________ a encontrar la motivación y la esperanza para liberarse de las cadenas de la adicción. Señor, viniste a la tierra para liberarnos de nuestros pecados. Vierte tu gracia sobre este mundo tan necesitado de tu amor, y en especial sobre__________, a quien tanto quiero. Amén.

Miércoles de la cuarta semana de Cuaresma


Libro de Isaías 49,8-15. 

Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas,
para decir a los cautivos: "¡Salgan!", y a los que están en las tinieblas: "¡Manifiéstense!". Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas.
No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua.
De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados.
Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním.
¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres!
Sión decía: "El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí".
¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

Salmo 145(144),8-9.13cd-14.17-18. 
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad.



Evangelio según San Juan 5,17-30. 
Jesús dijo a los judíos:
"Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. 

martes, 13 de marzo de 2018

¿Qué significa la estola? ¿Por qué el cura se la pone aunque no se vea?




Los 7 preciosos simbolismos del ornamento litúrgico insignia de la dignidad sacerdotal

No es intrascendente que la Iglesia quiera revestir a sus ministros con otro ropaje propio de la acción sagrada. Los ornamentos sacerdotales, tal como se han desarrollado a lo largo del tiempo, son una expresión de la acción sacerdotal.
Los ornamentos litúrgicos de hoy tienen sus orígenes en los ornamentos sacerdotales y levíticos de la Antigua Ley y luego en las antiguas vestiduras de los nobles romanos.
están destinados a la celebración de los santos misterios de nuestra fe,entrañan un alto sentido espiritual, tienen una funcionalidad ritual y un carácter distintivo en el orden de los ministros. Con su simbolismo enseñan a proveernos de armas espirituales en el combate contra el espíritu del mal.
Dentro de los ornamentos litúrgicos sobresale, aunque no sea muy evidente a la vista, la estola. La estola es una especie de banda que el sacerdote o el obispo cuelga del cuello sobre el pecho y ajusta con el cíngulo sobre el alba y bajo la casulla.
En el caso de los diáconos la estola va cruzada del hombro izquierdo por delante y por detrás a la parte derecha de la cintura; igualmente ceñida con el cíngulo sobre el alba y bajo la dalmática.
Después de la reforma litúrgica del Vaticano II se regresa al uso original de llevar la estola bajo la casulla pendiendo ambos lados del cuello perpendiculares y paralelos. Hasta entonces y desde la alta Edad Media, se llevaba cruzada o en forma de X, siempre debajo de la casulla.
La estola será del mismo color de la casulla y lo único que se exige que lleve la estola como decoración es una cruz en el medio (a la altura del cuello), que el ministro ordenado besa antes de ponérsela.
La disciplina actual prescribe su uso en la misa, los sacramentos y sacramentales y siempre que haya un contacto con la eucaristía.
Se desconoce con exactitud el origen de la estola, pero lo más probable es que derive del manto de oración de los judíos y más especialmente del orarium, nombre con que era conocida la estola en la antigüedad.
La palabra orarium es un término que se puede hacer derivar de orare(hablar, predicar) -de aquí la palabra oratoria-, convirtiéndose este ornamento en una insignia de los predicadores.
La Biblia la clasifica entre las vestiduras de honor. A partir del siglo XII no se utilizó más el término orarium, sino estola.
La estola va bajo la casulla porque la estola es lo primero que se recibe en la ordenación y la casulla va encima de todo porque ésta simboliza la caridad que lo cubre todo. Dicho de otra manera, la caridad es lo que debe saltar más a la vista en el sacerdote; es lo que lo debe distinguir más que otra cosa.
Simbolismo de la estola
1. Es símbolo del poder o la autoridad sacerdotal y es la insignia por excelencia de la dignidad sacerdotal.
2. Como la estola era una vestimenta utilizada por personas de cierta dignidad, simboliza la dignidad del primer hombre, del hombre antes del pecado original.
3. Simboliza la inocencia necesaria para el cumplimiento del servicio sacerdotaly el vestido de gloria con el que será revestido el siervo bueno y fiel por el Señor en recompensa de sus méritos. Evoca por tanto el traje de fiesta que el Padre impuso al hijo pródigo, al volver a casa andrajoso y avergonzado. Sólo Dios puede darnos dicho traje y hacernos dignos de presidir su mesa, de estar a su servicio.
4. Como se lleva sobre el cuello se la asimila a un yugo, el dulce yugo de Nuestro Señor; es decir las obligaciones del estado sacerdotal.
5. Simboliza a las ovejas que el buen pastor lleva sobre sus hombros.
6. La estola también significa las sogas con que Nuestro Señor fue arrastrado al Calvario.
7. La estola del diácono es símbolo de sacrificio y generosidad en el servicio de la comunidad cristiana.

¿Qué significa la vestimenta del sacerdote? Una guía práctica


Símbolos que remiten a Dios

Seguramente, si has prestado atención, puedes haber notado que las vestimentas de los sacerdotes van cambiando varias veces en el año.
Es posible que te hayas preguntado el porqué de los colores y esto sería simple de explicar: cada color tiene un significado y no solo representa algo sino que también, en cierto sentido, nos mueve.
Alguna vez he asistido a misa y al levantar la mirada me he encontrado con el sacerdote utilizando el color rojo, es un color impresionante. Al conocer el significado he prestado mayor atención en la fiesta que se celebraba.
Las vestimentas sacerdotales significan mucho más que sus colores y sus partes, son símbolos que también nos remiten a Dios en una celebración tan bella e importante como es la santa misa. Pero además nos recuerdan la misión tan generosa de nuestro sacerdotes…
El Papa Benedicto XVI reflexionaba sobre el sacerdocio y sus vestimentas diciendo que estas constituían un «revestirse de Cristo», hablar y actuar «in persona Christi» Para el sacerdote las vestimentas tienen un significado muy profundo: son un hábito de amor, son reflejo de su misión y de su identidad especial en Cristo, reflejan su entrega, su obediencia y la relación especial con Dios. Éstas son recuerdo de quiénes son y cómo han de despojarse de todas las ataduras mundanas y dejar de lado casi la propia vida para actuar en nombre del Señor. Los sacerdotes con sus vestiduras nos hablan de Dios, de la tarea que les ha encomendado y de la respuesta generosa al oír su llamado de elegir libremente cargar el yugo para gloria de Dios y para la salvación de los hombres.
Esta infografía que hemos preparado nos explica cada una de estas piezas y su significado. Que la próxima vez que estemos en presencia de un sacerdote, y sobre todo en misa, observemos no solo los colores que nos recuerdan los tiempos litúrgicos, sino la respuesta generosa que estos hombres han dado a la llamada de Dios.
«Así como en el bautismo se da un intercambio de vestiduras, un intercambio de destino, una nueva comunión existencial con Cristo, también en el sacerdocio tiene lugar un intercambio en la administración de los sacramentos, en los que el sacerdote actúa in persona Christi. En los sagrados misterios el no se representa a sí mismo, ni habla expresándose a sí mismo, sino que habla en lugar de Otro, de Cristo» (S.S Benedicto XVI).

Vestimenta Sacerdote

El Papa Francisco cumple cinco años de Pontificado


Este martes 13 de marzo se cumplen cinco años desde que Jorge Mario Bergoglio se convirtiera en el Papa Francisco. De esta forma, con 81 años, culmina su primer lustro como Pontífice con una llamativa paz interior, en plenitud de fuerzas y con la mirada puesta en un sinfín de acontecimientos.
En el sexto año de pontificado que ahora comienza, el Santo Padre canonizará a un nuevo antecesor en el cargo. Tras elevar a los altares en 2014 a Juan XXIII y a Juan Pablo II, en 2018 Francisco declarará santo al Papa Pablo VI. De momento no hay fecha prevista para la canonización, aunque se espera que esta se pueda celebrar en el Vaticano tras el Sínodo de Obispos convocado para octubre.
Más inmediato en el calendario se sitúa el encuentro presinodal, que acogerá en Roma, entre el 19 y el 24 de marzo, a más de 300 jóvenes de todo el mundo. Y tras el presínodo llegará el Sínodo, que se celebrará entre el 3 y el 28 de octubre. En él se reflexionará sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.
Tanto el Sínodo como el presínodo son una muestra más de la especial atención que el Papa ha dedicado a las nuevas generaciones desde que fuera elegido Pontífice en 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI.
La familia
La de octubre será la segunda Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos que tiene lugar durante el pontificado de Francisco. Ya en 2015 Bergoglio convocó un Sínodo sobre la Familia, y un año antes un Sínodo extraordinario sobre esta misma cuestión.
La defensa de la familia ha sido uno de los asuntos de importancia para Francisco en estos cinco años. Según ha señalado en numerosas ocasiones, genera fuertes vínculos que son el mejor antídoto contra el individualismo. Por ello, otro de los grandes acontecimientos que ha convocado para este 2018 es el IX Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar en Dublín del 21 al 26 de agosto.
De momento no hay confirmación por parte del Vaticano sobre la asistencia del Santo Padre. De confirmarse, sería el segundo Pontífice en visitar Irlanda, después del histórico periplo que realizó Juan Pablo II en 1979, cuando llegó a congregar a más de un millón de personas en el dublinés Phoenix Park.
Los viajes
En el catálogo de los viajes, el de Irlanda se sumaría a los ya realizados por Bergoglio desde 2013 a Brasil, Turquía, Corea del Sur, Tierra Santa, Ecuador, Bolivia, Panamá, Cuba, Estados Unidos, México y más recientemente Birmania (Myanmar), Bangladesh, Chile y Perú entre otros.
Francisco ya tiene programado un viaje a Ginebra el próximo 21 de junio, en la celebración del 70 aniversario del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), que se ocupa del diálogo ecuménico entre las diferentes realidades cristianas. Y entre el 22 y 25 de septiembre, visitará Estonia, Letonia y Lituania en un nuevo paso de acercamiento hacia los ortodoxos y a Rusia.
La diplomacia
Este gesto seguirá al histórico encuentro que mantuvieron el Papa Francisco y el patriarca ortodoxo ruso Cirilo en 2016 en La Habana, el primero de los líderes de las dos Iglesias desde el Gran Cisma de 1054.
En los últimos cinco años, Bergoglio se ha esforzado por tender puentes y entre sus éxitos diplomáticos destaca el deshielo, en el que medió, entre Cuba y Estados Unidos en 2014, o el encuentro sin precedentes ese mismo año en el Vaticano de los presidentes de Israel, Simón Peres, y de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás.
Su carácter de Papa mediador y conciliador le han llevado a defender el diálogo y la reconciliación en países como Venezuela y Colombia, y también ha condenado la explotación infantil, la trata de personas, la posesión de armas nucleares, las guerras y el terrorismo yihadista.
EFE/Alfa y Omega
Fecha de Publicación: 13 de Marzo de 2018