viernes, 10 de noviembre de 2017

¿Por qué la misa del sábado por la noche es válida para el domingo?


La capacidad de cumplir con la obligación dominical en un sábado tiene unas sorprendentes raíces bíblicas

Durante la mayoría de la historia de la Iglesia, se exigía los cristianos acudir a misa durante las 24 horas de un domingo para cumplir con su obligación hacia el Señor. Así se hacía de acuerdo con el mandamiento de santificar el día sagrado.
Luego, tras el Concilio Vaticano Segundo, se tomó la decisión de permitir que las misas celebradas la tarde antes “se convalidaran” como la obligación dominical. Así se estableció en el Derecho Canónico, en el que ahora se lee: “Cumple el precepto de participar en la Misa quien asiste a ella, dondequiera que se celebre en un rito católico, tanto el día de la fiesta como el día anterior por la tarde” (Can. 1248 §1).
Las motivaciones detrás de este cambio eran principalmente pastorales y se vieron influidas por cambios producidos por todo el mundo. Por ejemplo, varios gobiernos y cambios culturales ya no protegían el domingo como día no laboral, así que la Iglesia en su sabiduría ideó una solución que fuera acorde con la tradición.
Ante todo, la Iglesia no se inventó la celebración de un día festivo en la tarde anterior. Según el padre Edward McNamara, “el concepto de ‘día’ en el mundo antiguo (…) dividía nuestras 24 horas en cuatro vigilias nocturnas y cuatro horas de luz, con el comienzo del día en la primera vigilia”. Esto significaba que el ‘día’ no comenzaba a la medianoche, sino con el ocaso (recordemos que los pueblos antiguos no tenían relojes).
Esto se confirmó aún más con la práctica judía de observar el sabbat el sábado. Según la ley judía, “el sabbat es un día de reposo y celebración que comienza el viernes con el ocaso y termina la tarde del día siguiente con la caída de la noche”. Una de sus justificaciones para esta práctica viene de un suceso ocurrido durante el exilio en el desierto.
Para satisfacer las necesidades físicas de su pueblo, Dios envió codornices y maná. Moisés dice en Éxodo: “Esta tarde ustedes sabrán que ha sido el Señor el que los hizo salir de Egipto, y por la mañana verán la gloria del Señor (…) Esta tarde el Señor les dará carne para comer, y por la mañana hará que tengan pan hasta saciarse, ya que escuchó las protestas que ustedes dirigieron contra él” (Éxodo 16,6-8). En este caso, Dios proporcionó alimento tanto para la tarde anterior como para la mañana siguiente.
En el simbolismo cristiano, esto hace referencia al maná y la carne eucarísticos que Dios ofrece a su Iglesia durante la misa.
Así que, aunque pueda parecer extraño celebrar el domingo un sábado, no es nada nuevo, sino que tiene unas sorprendentes raíces bíblicas.

Viernes de la trigésima primera semana del tiempo ordinario


Carta de San Pablo a los Romanos 15,14-21. 

Por mi parte, hermanos, estoy convencido de que ustedes están llenos de buenas disposiciones y colmados del don de la ciencia, y también de que son capaces de aconsejarse mutuamente.
Sin embargo, les he escrito, en algunos pasajes con una cierta audacia, para recordarles lo que ya saben, correspondiendo así a la gracia que Dios me ha dado:
la de ser ministro de Jesucristo entre los paganos, ejerciendo el oficio sagrado de anunciar la Buena Noticia de Dios, a fin de que los paganos lleguen a ser una ofrenda agradable a Dios, santificada por el Espíritu Santo.
¡Yo tengo que gloriarme en Cristo Jesús, en lo que se refiere al servicio de Dios!
Porque no me atrevería a hablar sino de aquello que hizo Cristo por mi intermedio, para conducir a los paganos a la obediencia, mediante la palabra y la acción,
por el poder de signos y prodigios y por la fuerza del Espíritu Santo. Desde Jerusalén y sus alrededores hasta Iliria, he llevado a su pleno cumplimiento la Buena Noticia de Cristo,
haciendo cuestión de honor no predicar la Buena Noticia allí donde el nombre de Cristo ya había sido invocado, para no edificar sobre un fundamento puesto por otros.
Así dice la Escritura: Lo verán aquellos a los que no se les había anunciado y comprenderán aquellos que no habían oído hablar de él.

Salmo 98(97),1.2-3ab.3cd-4. 
Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.



Evangelio según San Lucas 16,1-8. 
Jesús decía a sus discípulos:
"Había un hombre rico que tenía un administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes.
Lo llamó y le dijo: '¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no ocuparás más ese puesto'.
El administrador pensó entonces: '¿Qué voy a hacer ahora que mi señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna? Me da vergüenza.
¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el puesto, haya quienes me reciban en su casa!'.
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero: '¿Cuánto debes a mi señor?'.
'Veinte barriles de aceite', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo, siéntate en seguida, y anota diez'.
Después preguntó a otro: 'Y tú, ¿cuánto debes?'. 'Cuatrocientos quintales de trigo', le respondió. El administrador le dijo: 'Toma tu recibo y anota trescientos'.
Y el señor alabó a este administrador deshonesto, por haber obrado tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz." 

jueves, 9 de noviembre de 2017

Dedicación de la basílica de Letrán, fiesta




Libro de Ezequiel 47,1-2.8-9.12. 
Un ángel me llevó a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del Altar.
Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.
Entonces me dijo: "Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas.
Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas parte adonde llegue el torrente.
Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio".

Salmo 46(45),2-3.5-6.8-9. 
El Señor es nuestro refugio y fortaleza,
una ayuda siempre pronta en los peligros.
Por eso no tememos,
aunque la tierra se conmueva

y las montañas se desplomen
hasta el fondo del mar.
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,
la más santa Morada del Altísimo.

El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;
él la socorrerá al despuntar la aurora.
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Vengan a contemplar las obras del Señor,

Él hace cosas admirables en la tierra.



Evangelio según San Juan 2,13-22. 
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén
y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas
y dijo a los vendedores de palomas: "Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio".
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: "¿Qué signo nos das para obrar así?".
Jesús les respondió: "Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar".
Los judíos le dijeron: "Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?".
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

¿Qué diferencia hay entre un obispo y un cardenal?


La jerarquía eclesiástica a veces parece un laberinto, pues las dignidades y funciones establecidas a lo largo de la historia son numerosas. Sin embargo, hay dos figuras que, aunque a veces se confunden en el imaginario colectivo, son particularmente importantes y merecen ser diferenciadas: las del obispo y el cardenal

En la Iglesia, el obispo es un sucesor de los apóstoles que se coloca a la cabeza de una circunscripción territorial denominada diócesis para garantizar su supervisión. Los obispos, encargados de la dirección pastoral de la Iglesia católica en el conjunto de estos territorios, son, pues, el esqueleto de la Iglesia en su función apostólica. El episcopado es un cargo al servicio de la Iglesia asignado a una localidad particular y obtenido tras la consagración episcopal, durante la cual el sacerdote ordenado obispo recibe la plenitud del sacramento del orden.
Sin embargo, de los más de 5.000 obispos católicos no todos son “formados” cardenales. En efecto, el título de cardenal, aunque en principio —salvo dispensa concedida por el papa— está reservado a los obispos, designa una función muy diferente de la del episcopado.
Reunidos en el Colegio Cardenalicio, antes llamado Sacro Colegio, tienen por función asistir al papa en el gobierno de la Iglesia universal, aunque también, para los cardenales menores de 80 años, participar de su elección en caso de vacante. Así pues, el Colegio se reúne durante los cónclaves para proceder a esta elección, o durante los consistorios para aconsejar al soberano pontífice sobre alguna de sus decisiones.
Por tanto, los cardenales son las figuras jerárquicas más importantes de la Iglesia católica y su número es actualmente de 228. Pero “la elevación a la púrpura cardenalicia”, como a veces se le conoce al nombramiento de un cardenal por parte del papa, no es un sacramento distinto de la consagración episcopal.
Aunque todos los cardenales son, en principio, obispos, no todos los obispos son cardenales y las dos funciones se distinguen por varios atributos. El color de los cardenales es el rojo, mientras que el de los obispos el violeta, y es costumbre llamar a los primeros “Eminencia” y a los segundos frecuentemente “Monseñor” y a veces “Excelencia”.
La función del cardenal está íntimamente ligada al funcionamiento de la Iglesia romana y al entorno del papa, mientras que la del obispo está orientada hacia la vida pastoral de una diócesis particular de entre las repartidas por el mundo. Los miembros de la Curia romana, titulares de los dicasterios que constituyen una especie de gobierno en torno al soberano pontífice, son elegidos de entre los cardenales.

Miércoles de la trigésima primera semana del tiempo ordinario


Carta de San Pablo a los Romanos 13,8-10. 

Hermanos:
Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la Ley.
Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.

Salmo 112(111),1-2.4-5.9. 
Feliz el hombre que teme al Señor
y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida.

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud.

Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad.


Evangelio según San Lucas 14,25-33. 
Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
"Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
'Este comenzó a edificar y no pudo terminar'.
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz.
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo."