viernes, 22 de diciembre de 2017

¿Tenemos que ir dos veces a Misa este domingo 24 de diciembre?




Este año, el cuarto domingo de Adviento coincide el 24 de diciembre. ¿Es posible comulgar dos veces el mismo día? Aquí algunas respuestas prácticas y espirituales a esta cuestión

El 24 de diciembre la tradición es ir a la “Misa del gallo”, a la Misa de Nochebuena. Esta es una de las cuatro Misas que celebran los misterios de la Natividad. En Nochebuena se celebra el nacimiento del Príncipe de la Paz. Este año tendrá lugar el domingo por la noche, el mismo día de la Misa del cuarto domingo de Adviento. ¿Estamos ante un auténtico rompecabezas?

¿Se cancelará la misa del domingo por la mañana?

Esta solemnidad no suprime la liturgia del cuarto domingo de Adviento, explica el padre Aymeric de Salvert, sacerdote de las Misiones Extranjeras de París: “La liturgia es diferente: los textos bíblicos y la fiesta son diferentes”. El cuarto domingo de Adviento se celebrará la misma mañana (y el sábado 23 por la tarde) para “prepararnos para recibir Al que vendrá por la noche”, completa el hermano Thierry Hubert, dominico y capellán de Edhec.

¿Y se puede comulgar dos veces el mismo día?

De manera general, la Iglesia pide una sola comunión diaria para evitar las excesos, subraya el dominicano. Sin embargo, en este caso son dos Misas diferentes. Por este motivo, recuerda el padre de Salvert, es importante que a la hora de  “recibir la comunión uno esté en un estado espiritual adecuado para hacerlo: consciente del sacramento que uno recibe y en un estado de gracia. Para estarlo, las puertas de la misericordia están abiertas: Dios nos está esperando para darnos su perdón a través del sacramento de la reconciliación”. Siempre es bueno confesarse ante de Navidad.

Entonces, ¿Qué hay que hacer?

“Cuando queremos rezar a Dios en la iglesia no nos preguntamos si es obligatorio o no. Simplemente acudimos a ella para dar gracias”, nos recuerda el Hermano Thierry.
Para las familias con niños pequeños, se aplica el principio de realidad: “La Virgen María lo entenderá”. La Misa del gallo no es “obligatoria”. Por lo tanto el 25 de diciembre tanto grandes como pequeños pueden acudir a una segunda o a una tercera Misa,  la de la aurora donde se celebrará a Cristo como luz naciente o la misa de Navidad para festejar el nacimiento de Cristo hecho hombre.

Cuatro consejos para una mejor oración en la misa


Durante sus dos primeras catequesis sobre la Eucaristía, el papa Francisco nos recordó cuatro actitudes fundamentales que respetar durante la misa. 

En este mes de noviembre, el papa Francisco inició un nuevo ciclo de catequesis sobre la Eucaristía, recordando en dos ocasiones que la misa es la “oración por excelencia”, es decir, la oración más elevada y concreta. Como tal, Francisco nos recuerda que no hemos de ir a la misa como si fuéramos a un espectáculo cualquiera o a un museo.
Subrayó que la Palabra de Dios debe resonar en los corazones y que el creyente puede entrar así en una relación perfecta de amor con Él. Y para preservar esta “interioridad”, el Santo Padre pronunció las cuatro buenas disposiciones que tener desde el momento de la entrada: silencio, confianza, fascinación y la capacidad de llamar “Padre” a Dios.
La oración en 4 etapas, de Aleteia

1. El silencio

Una actitud esencial de los fieles para prepararse para recibir la Palabra de Dios y permitirle actuar en los corazones. La Palabra brota del “silencio misterioso” de Dios. La Palabra y el silencio actúan juntos, nutriendo la participación activa de los fieles.

2. Llamar “Padre” a Dios

Para facilitar nuestra relación de confianza con Dios, Francisco recomienda que lo llamemos “Padre”, como Jesús animó a sus discípulos. El Papa insiste en esta necesidad: “Estemos atentos: si yo no soy capaz de decir ‘Padre’ a Dios, no soy capaz de rezar. Tenemos que aprender a decir ‘Padre’, es decir ponerse en la presencia con confianza filial. Pero para poder aprender, es necesario reconocer humildemente que necesitamos ser instruidos, y decir con sencillez: Señor, enséñame a rezar”.

3. La confianza

La oración, que es “intercambio”, debe decirse de manera humilde y confiada, así como un niño pequeño confía en su padre y su madre. “Dios se acuerda de ti, cuida de ti, de mí, de todos”, recordó el Papa. Por lo tanto, nos dirigimos a Dios con confianza, sin preocuparnos por el futuro, para salir de la misa más fuertes y valientes frente las adversidades de la vida.

4. La fascinación


Un niño “se maravilla ante la menor de las cosas porque todo es nuevo para él”, nos dice el papa Francisco. De la misma forma, en la oración, un fiel entra en relación con el “Dios de las sorpresas”. Rezar no es hablar con Dios como lo hacen los “loros”, sino maravillarse “porque es un Dios vivo, es un Dios que habita en nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón, un Dios que está en la Iglesia y camina con nosotros; y en este camino nos sorprende siempre”, explicaba el Santo Padre en una de sus misas matutinas hace unos meses.

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (22 dic.)


Libro de Isaías 56,1-3a.6-8. 

Así habla el Señor: Observen el derecho y practiquen la justicia, porque muy pronto llegará mi salvación y ya está por revelarse mi justicia.
¡Feliz el hombre que cumple estos preceptos y el mortal que se mantiene firme en ellos, observando el sábado sin profanarlo y preservando su mano de toda mala acción!
Que no diga el extranjero que se ha unido al Señor: "El Señor me excluirá de su Pueblo"; y que tampoco diga el eunuco: "Yo no soy más que un árbol seco".
Y a los hijos de una tierra extranjera que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y para ser sus servidores, a todos los que observen el sábado sin profanarlo y se mantengan firmes en mi alianza,
yo los conduciré hasta mi santa Montaña y los colmaré de alegría en mi Casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptados sobre mi altar, porque mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.
Oráculo del Señor, que reúne a los desterrados de Israel: Todavía reuniré a otros junto a él, además de los que ya se han reunido.

Salmo 67(66),2-3.5.7-8. 
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.
La tierra ha dado su fruto:

el Señor, nuestro Dios, nos bendice.
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Evangelio según San Juan 5,33-36. 
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. 

jueves, 21 de diciembre de 2017

Esta es la santa patrona de los migrantes que el Papa Francisco pide no olvidar

El Papa Francisco y Santa Francesca Cabrini. Fotos: Daniel Ibáñez / ACI Prensa - Dominio público

Se cumplen 100 años de la muerte de Santa Francesca Cabrini, una italiana que dedicó su vida a ayudar a pobres e inmigrantes y cuya fiesta se celebra cada 22 de diciembre.
El Papa Francisco ha escrito el prólogo de una nueva edición del libro “Entre el cielo y la tierra” sobre la vida de esta santa, a la que pone de modelo para saber cómo afrontar el fenómeno migratorio.
“Sin detenerse nunca en un lugar, sin regresar nunca definitivamente a Italia, pero siempre dispuesta a resolver problemas, a ir en ayuda de los más necesitados y los que estaban más solos”, escribe el Papa en el prólogo.
Francisco destaca que hacía esto “con inmensa caridad, transmitiéndoles el amor de Dios, pero también con gran inteligencia”.
En el libro, recuerda cómo el Papa León XIII pidió a Santa Francesca renunciar a su “sueño misionero para ocuparse de los emigrantes italianos en América”.
“Francesca obedeció y se le abrió todo un mundo: el de centenares de miles de seres humanos que buscaban trabajo y pan lejos de su propia tierra, arriesgándose en largos viajes peligrosos, en tierras desconocidas y hostiles”.
“Había entendido que no se trataba de un fenómeno temporal, sino del emerger de una nueva época histórica en la cual, la facilidad de modernos medios de transporte, permitían movimientos masivos de gente, remodelando así partes del globo”, escribe el Santo Padre.
“La construcción de obras de acogida y de asistencia grandes, hermosas y duraderas fue su respuesta al nuevo curso de la historia: las hermanas han continuado la obra también incluso cuando ha cambiado la proveniencia de los migrantes, también cuando otros rostros, otros colores y otros pueblos la siguieron en sus institutos”.
El Papa señala que “todo esto hace entender por qué una mujer se convirtió en patrona de los migrantes, una mujer que supo poner en práctica las cualidades femeninas: calor, acogida, ser concreto al acoger a los necesitados” y “estar disponible para ayudar a los débiles”.
Por todo ello, “hoy es de gran actualidad y nos continúa enseñando la vía a recorrer para afrontar el fenómeno epocal de las migraciones conjugando la caridad y la justicia”.

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad (21 dic.)


Libro de Isaías 54,1-10. 

¡Grita de alegría, estéril, tú que no has dado a luz; prorrumpe en gritos de alegría, aclama, tú que no has conocido los dolores del parto! Porque los hijos de la mujer desamparada, son más numerosos que los de la desposada, dice el Señor.
¡Ensancha el espacio de tu carpa, despliega tus lonas sin mezquinar, alarga tus cuerdas, afirma tus estacas!
Porque te expandirás a derecha y a izquierda, tu descendencia poseerá naciones enteras y poblará ciudades desoladas.
No temas, porque no te avergonzarás: no te sonrojes, porque no serás confundida: olvidarás la ignominia de tu adolescencia y no te acordarás del oprobio de tu viudez.
Porque tu esposo es aquel que te hizo: su nombre es Señor de los ejércitos; tu redentor es el Santo de Israel: él se llama "Dios de toda la tierra".
Sí, como a una esposa abandonada y afligida te ha llamado el Señor: "¿Acaso se puede despreciar a la esposa de la juventud?". dice el Señor.
Por un breve instante te dejé abandonada, pero con gran ternura te uniré conmigo;
en un arrebato de indignación, te oculté mi rostro por un instante, pero me compadecí de ti con amor eterno, dice tu redentor, el Señor.
Me sucederá como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé ni inundarían de nuevo la tierra: así he jurado no irritarme más contra ti ni amenazarte nunca más.
Aunque se aparten las montañas y vacilen las colinas, mi amor no se apartará de ti, mi alianza de paz no vacilará, dice el Señor, que se compadeció de ti.

Salmo 30(29),2.4.5-6.11-12a.13b. 
Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.

«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!



Evangelio según San Lucas 7,24-30. 
Cuando los enviados de Juan partieron, Jesús comenzó a hablar de él a la multitud, diciendo: "¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento?
¿Qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que llevan suntuosas vestiduras y viven en la opulencia, están en los palacios de los reyes.
¿Qué salieron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta.
El es aquel de quien está escrito: Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Les aseguro que no hay ningún hombre más grande que Juan, y sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es más grande que él.
Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan.
Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos.