miércoles, 14 de noviembre de 2018

Miércoles de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 17,11-19.

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea.
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia
y empezaron a gritarle: "¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!".
Al verlos, Jesús les dijo: "Vayan a presentarse a los sacerdotes". Y en el camino quedaron purificados.
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.
Jesús le dijo entonces: "¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?".
Y agregó: "Levántate y vete, tu fe te ha salvado".

martes, 13 de noviembre de 2018

¿Qué pecados me impiden comulgar? (No te pierdas esta reflexión)



presencia.  Somos templos del Espíritu santo, por tanto, debes cuidar tu cuerpo y lo que haces con él, y tus pensamientos y deseos. Hay que agradar a Dios en todo, porque es un Padre Amoroso.
A menudo pienso en el lugar que tengo reservado para Dios en mi alma.  Santa Teresa de Jesús habla mucho de las Moradas, el castillo del alma, con diferentes moradas donde podremos descubrir a Dios.
Suelo hacer fuertes reflexiones antes de una confesión sacramental y me doy cuenta de tres cosas importantes:
  1. Somos pecadores, es innegable, pero estamos llamados a ser santos y vivir una maravillosa eternidad.
  2. Si caemos Dios nos da la oportunidad de levantarnos y volver a empezar. Tenemos disponible el sacramento de la reconciliación.
  3. Dios es el Dios del amor y de las oportunidades. Podemos acudir a su presencia como hijos que somos, sin temor, confiados.
Sí… ofendemos a Dios y debemos arrepentirnos antes de ir a recibirlo. Él es santo y puro. Y la santa Biblia nos dice con claridad:
“¿…no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?” (I Corintios, 6 19)
El tema de los pecados y la comunión me lo preguntan a menudo. Prefiero acudir siempre a un sacerdote para buscar la respuesta y no equivocarme. Me encanta consultar a los sacerdotes porque tienen toda la experiencia del mundo.
Pensaba en esto cuando me topé con este maravilloso video que te voy a compartir. Tiene más de un millón de visitas. Y es de mi amigo, el padre Sergio. Te explica con gran sencillez cuáles son los pecados que te impiden comulgar.
El buen padre Sergio Argüello, pertenece a la congregación de san Pablo. Nos hicimos amigos por Facebook cuando era un seminarista. Lo acompañamos con nuestras oraciones cuando se hizo sacerdote. Al tiempo abrió lo que  ha llamado su parroquia digital. Publica videos en Youtube, en la que brinda consejos espirituales y habla sobre nuestra fe y la vida de santidad, con gran simpatía.
Hoy me siento feliz de compartir contigo este maravilloso video, no te lo pierdas. Estoy seguro que te será de gran ayuda espiritual. Dice lo que debes saber sobre los pecados que te impiden recibir la santa comunión. Te recomiendo suscribirte a su Canal de Videos que son de gran ayuda espiritual y orar por todos los sacerdotes para que sean santos!!
Ayúdanos y comparte esta reflexión, que sea de bendición para muchos. ¡Dios te bendiga!

Martes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 17,7-10.

El Señor dijó: 
«Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: 'Ven pronto y siéntate a la mesa'?
¿No le dirá más bien: 'Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después'?
¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: 'Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber'.»

lunes, 12 de noviembre de 2018

¿Cómo lograr una buena convivencia en la familia al morir los abuelos?

mourn

No siempre es fácil suplir a los abuelos, que servían como factor de cohesión en la familia. Hay que darse un tiempo y aplicar algunas ideas. 

Cuando mueren los abuelos, (sobre todo) las familias de cultura latina notamos un vacío importante. Los abuelos han formado parte de nuestra crianza y de nuestra educación. Nos han enseñado canciones, nos han leído cuentos, nos han explicado historias familiares, nos han transmitido los valores… Han echado una mano a los padres y han sido siempre la red donde caíamos si alguna vez se nos ocurrió hacer de funambulista.
Durante la crisis económica que comenzó en 2007, muchos abuelos ayudaron a pagar hipotecas de hijos y nietos. Guardaron el folleto del viaje de sus sueños y asumieron que su tarea consistiría en sacar adelante al hijo que se había quedado en el paro a los 50.
Pero los abuelos no son eternos. Y un buen día, ellos que nunca se ponían enfermos, tienen que ingresar en el hospital y fallecen. Es entonces, después del funeral, cuando los hijos y nietos van por primera vez a la casa familiar, abren la puerta y lo que reina es el silencio: ya no se oye al fondo la voz de la abuela llamándonos cariñosamente. Ni encuentra uno al abuelo entretenido en hacer de carpintero ocasional con un arreglo de la casa.
Puede que ahora sea algo más difícil la unión entre los hermanosporque ellos construían un acueducto por encima de egos y decepciones entre hermanos. Aparece la lectura del testamento y tal vez haya más que palabras. Afloran pequeños rencores y envidias… Los sentimientos están más a flor de piel. Y de pronto parece que aquella cohesión familiar que lograban los abuelos vaya a saltar en pedazos.
Es el momento de repensar la familia… para bien. ¿Qué les haría estar orgullosos a los mayores si nos vieran? La vida sigue pero saber que formamos parte de una historia nos hará sentir la responsabilidad de la etapa que nos toca construir.
Es momento de abandonar la estrechez de ánimo, de mirar hacia dentro para ver el ADN que nos ha hecho como somos, y quedarse con lo bueno. Y es el momento de mirar hacia fuera para decidir cómo labramos un futuro del que puedan estar orgullosos desde el Cielo, sabiendo que mucho se lo debemos a ellos.
Noviembre es el mes de los difuntos. Visitamos los cementerios y rezamos por todos ellos, especialmente por los de nuestra familia. Veremos tal vez a parientes con los que tenemos poco trato. Y si no, será en Navidad. Un buen propósito sería que no pase una de estas fechas sin que hayamos hecho las paces con alguien que teníamos atravesado.
Ser humilde y bajar un escalón cuesta, pero ese es el éxito de las familias: haber sabido bajar muchos escalones en la vida para dar lo mejor a los hijos y nietos. ¿Qué más da si hubo nieta preferida o si nos han legado tres palmos menos de tierra que a otro?
Recuerda el Papa Francisco que a nadie entierran con los bolsillos llenos. En cambio, sí nos marchamos con las buenas obras y el amor, y de esto es de lo que se nos juzgará.

Lunes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 17,1-6.

Jesús dijo a sus discípulos: "Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: 'Me arrepiento', perdónalo".
Los Apóstoles dijeron al Señor: "Auméntanos la fe".
El respondió: "Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: 'Arráncate de raíz y plántate en el mar', ella les obedecería."