sábado, 22 de septiembre de 2018

Sábado de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 8,4-15.

Como se reunía una gran multitud y acudía a Jesús gente de todas las ciudades, él les dijo, valiéndose de una parábola:
"El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayó al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo.
Otra parte cayó sobre las piedras y, al brotar, se secó por falta de humedad.
Otra cayó entre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron.
Otra parte cayó en tierra fértil, brotó y produjo fruto al ciento por uno". Y una vez que dijo esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!".
Sus discípulos le preguntaron qué significaba esta parábola,
y Jesús les dijo: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en cambio, se les habla en parábolas, para que miren sin ver y oigan sin comprender.
La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios.
Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven atrás.
Lo que cayó entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar.
Lo que cayó en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen, y dan fruto gracias a su constancia.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Oracion para proteger toda tu familia al Arcángel Miguel


OH DIVINO PROTECTOR ARCÁNGEL MIGUEL


El Arcángel San Miguel, aparece en el libro de Daniel Igualmente aparece en el libro del Apocalipsis. Es el principal Arcángel. 
Lo consideramos como el mayor arcángel y ángel de la protección y siempre defensor de la bondad y de la luz. Porque tu luz. Es de Gran alcance para todos nosotros.
Una de las principales funciones del Arcángel San Miguel es liberar a la tierra de todo mal asociado con el miedo, esté con su grito de guerra este gran ayuda a la humanidad, ha tenido batallas por cada uno de nosotros aquí en la tierra, SEÑOR DIOS.
El juego del sol es el color principal. Igual lleva consigo una espada de Zafiro, que tiene un rayo de luz y constante en el tercer ojo. Arcángel San Miguel, el protégeme siempre con tu luz divina abrígame con tu manto, no me desampares siempre mantén a tu lado. 
De noche y de día, dame fuerza A TI ACUDIMOS, ven en nuestras batallas y respaldanos con tu fuerza y poder dado por el mismo DIOS.
Líbrame de toda maldad. Protege a mí, y a toda mi familia de todo cuando acechan. En el nombre del padre del hijo espíritu santo Amén gracias por tu protección.
Amado San Miguel, siempre te ayuda cada vez que sientas cualquier presencia de cualquier fuerza negativa alrededor tuyo. SEÑOR MÍO NO ME DESAMPARES DE NI NOCHE NI DE DÍA. ANTE TI TENGO LA FUERZA DE VENCER TODO MAL, TODO FUERZA ABRUMADORA, TODA BATALLA QUE ME CONFIEREN. TE LO PIDO MI SEÑOR Y SANA ESTE CUERPO LUEGO DE LA BATALLA, AMEN, AMEN.
Cuando tú sientas temor, miedo, no importa los motivos habla al arcángel San Miguel, siempre te dará valor, tanto interior como exterior el autoestima aumentará de manera inigualable tu fuerza, para que puedan vencer todas esas fuerzas negativas que te lleguen en tu vida. 
Todo cual debes hacer es aclamar en su nombre ayuda, ayúdame, arcángel Miguel, AMEN.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Cómo alabar a Dios como Él lo merece: desde lo profundo del corazón

 
hombre de espaldas viendo el altar de dios misa levanta manos oracion alabanza a dios

Alabar a Dios. Los medios que más me han ayudado a desarrollar mi propio lenguaje de alabanza y adoración son las oraciones de los santos
¿Cómo aprender a alabar a Dios cómo el se lo merece?. Ésta es una pregunta muy conmovedora, el sólo hecho de hacerla es un gesto muy bello.
Los medios que más me han ayudado a desarrollar mi propio lenguaje de alabanza y adoración son las oraciones de los santos.
Por ejemplo, una de mis oraciones preferidas durante la Cuaresma es el Viacrucis en la versión de san Alfonso María de Ligorio. En su reflexión en para la segunda estación dice:
"Amabilísimo Jesús mío, abrazo todas las tribulaciones que me tienes destinadas hasta la muerte y te ruego, por los méritos de la pena que sufriste llevando tu cruz, me des fuerza para llevar la mía con tu perfecta paciencia y resignación. Te adoro, Jesús, mi amor. Me arrepiento de haberte ofendido. Nunca permitas que me separe de Ti. Concédeme amarte siempre y luego haz de mí lo que Tú quieras".
La primera vez que recé esto me sentí incomodo. Simplemente no sentía que era del todo cierto.
Sí, amo a Jesús, pero sé que mi corazón está dividido. Lo amo con lo que a mí me parece es un amor profundo, pero también estoy muy consciente de mi pecado y del hecho que mi amor no siempre es como yo desearía que fuera.
Por lo tanto, me sentía un poco falso diciendo las palabras
"Te amo Jesús, amor mío".
Parecía más honesto rezar:
"No te amo tanto como debiera, pero quiero amarte mucho más de lo que lo hago".
Mi rescate llegó con los escritos de santa Catalina de Siena. Ella transmite que no es posible para nosotros expiar ni siquiera el más pequeño pecado (si es que acaso existe un pequeño pecado).
Y ella, hace notar que, aunque esto es cierto, con la gracia de Diostrabajando a través de nosotros para amarlo, estamos mucho más capacitados para arrepentirnos, por la virtud desbordante de esa gracia que nos lleva amar a Dios de manera más completa.
Me di cuenta que cuando expreso aun la alabanza más parca, poco entusiasta y pobremente redactada, mis palabras están llegando a Dios de una manera que tiene mucha más belleza y gracia de la que yo pudiera musitar por mí mismo.
Es algo así como un niño pequeño, poco habilidoso, haciendo una pintura que expresa su amor a Dios. El pequeño trabaja lo mejor que puede, pero desde un punto de vista humano la pintura es artísticamente deplorable. Sin embargo, por la gracia poderosa de Dios, Él recibe, a través del deseo del niño y de su propia gracia abundante, una pintura que es más hermosa cualquiera que Miguel Ángel pudo jamás pintar.
Las asombrosas palabras de un poema escrito por santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón, O.C.D. me confortaron aún más:
"...¿Cómo puedes decir que no amas a Dios cuando tu propio deseo de amar es amor en sí mismo?
Es la dulce flama que escapa desde el crisol secreto de tu corazón..."

Oración a los santos

Con respecto a rezar con los santos, hay muchos libros disponibles. Uno que yo he encontrado de gran ayuda es Intimidad Divina.
Siguiendo el calendario litúrgico, este libro presenta, para cada día del año, meditaciones y oraciones muy hermosas de los santos carmelitas y de otros hombres y mujeres santos. Rezar estas oraciones y hacerlas propias realmente me ha ayudado.
Otra forma que he encontrado útil es personalizar el tesoro de nuestras oraciones tradicionales.
Por ejemplo, comienzo casi todas mis meditaciones con una adaptación de los actos de fe, esperanza y caridad. Cuando inicié con esta práctica, simplemente los rezaba como son.
Poco a poco, empecé a rezar improvisando sobre las ideas y sentimientos que contenían. Esto es, hice míos esos actos rezándolos ya fuera en la forma tradicional o adaptándolos a mi experiencia personal y al estado de mi corazón cada vez que empezaba la meditación. Esta mañana, recé algo así para mi acto de fe:
"Señor, creo en ti. Gracias por estar presente en mi vida. Agradezco que anheles mi presencia a pesar de mi pecado. Desde antes de la creación del mundo Tú me formaste de la nada para poder estar en comunión contigo. Tú enviaste a tu Hijo para ayudarme a comprender que, sin importar lo profundo de mi pecado, hay redención para mí. Creo en tu amor, por eso espero en Ti..."
Cuando me siento menos capaz de expresarme, simplemente vuelvo a las formas tradicionales y las rezo como si fueran mis propias oraciones o sólo me siento en silencio y suavemente repito:
"Te amo Jesús, mi amor. Concédeme que siempre te ame y luego haz de mí lo que Tú quieras".
Para todos nuestros amigos devotos que nos leen, ¿qué formas de oración han adoptado para mejorar su habilidad de alabar a Dios?

Jueves de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 7,36-50.

Un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús entró en la casa y se sentó a la mesa.
Entonces una mujer pecadora que vivía en la ciudad, al enterarse de que Jesús estaba comiendo en casa del fariseo, se presentó con un frasco de perfume.
Y colocándose detrás de él, se puso a llorar a sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos, los cubría de besos y los ungía con perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado pensó: "Si este hombre fuera profeta, sabría quién es la mujer que lo toca y lo que ella es: ¡una pecadora!".
Pero Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". "Di, Maestro!", respondió él.
"Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios, el otro cincuenta.
Como no tenían con qué pagar, perdonó a ambos la deuda. ¿Cuál de los dos lo amará más?".
Simón contestó: "Pienso que aquel a quien perdonó más". Jesús le dijo: "Has juzgado bien".
Y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no derramaste agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos.
Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de besar mis pies.
Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.
Por eso te digo que sus pecados, sus numerosos pecados, le han sido perdonados porque ha demostrado mucho amor. Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor".
Después dijo a la mujer: "Tus pecados te son perdonados".
Los invitados pensaron: "¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?".
Pero Jesús dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado, vete en paz".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

La “Oración de la Hora”: una forma increíblemente sencilla de mantenerse cerca de Dios

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La presencia de Dios es fascinantemente real y sencilla - y basta un segundo para acordarnos de que Él está aquí

Los hermanos maristas heredaron, de la espiritualidad de San Marcelino Champagnat, una práctica de piedad muy simple y efectiva para acordarse de Dios a lo largo de todo el día.
El objetivo es mantener constantemente el “ejercicio de la presencia de Dios”. Y una de las formas para lograrlo es la “Oración de la Hora”: A propuesta de san Marcelino, los hermanos harían una rápida pausa en sus actividades cada vez que el reloj tocara las horas, y elevarían a Dios una breve oración.

¿Quieres intentarlo también?

EL “SIGNO” – Programa la alarma de tu celular para que suene de hora en hora.
“COMENTARIO” ESPONTÁNEO – Cuando oigas la alarma, ¡hazle algún “comentario” espontáneo a Dios como si fuese algún colega de trabajo o alguien de casa! Sin ninguna ceremonia: con toda la sencillez y espontaneidad del mundo.
¿DURACIÓN? – Puede ser 1 minuto, ¡o 10, o 3 segundos!… No te preocupes por el tiempo. ¿Acaso te marcas una “duración mínima” para los comentarios informales que haces a tus amigos a lo largo de la jornada? Pues igual: Dios tampoco necesita formalidades para que te acuerdes de Él a lo largo del día. Para Él, un segundo de atención sincera y de amor verdadero es una alegría inimaginable.
¿ASUNTO? – Cualquier “comentario” con Dios es válido: un breve agradecimiento, un desahogo de hijo, un ofrecimiento del trabajo, o petición de una gracia, una intercesión por otra persona, una palabra de alabanza y adoración, una comunión espiritual… O solo reza el “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo“, o cualquier otra que te guste.
UN EJEMPLO MARAVILLOSO DE ORACIÓN – Una oración especialmente sencilla y al mismo tiempo intensa es la llamada “Invocación al Nombre de Jesús“, que es tan simple como decir:
¡Señor Jesús, ten piedad de mí!” 
…O cualquier variación, como “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!”, Señor Jesús, misericordia!”… ¡Se trata solo de invocar a Jesús y entregarse a Su misericordia infinita!
SIN PALABRAS – Además, no necesitas siquiera palabras para unirte a Dios: un instante de recogimiento y contemplación silenciosa, una simple mirada al crucifijo, un sencillo “abrazo espiritual” en Jesús… Cualquiera de esos actos, si se hace con amor, puede ser la más sublime de las oraciones. Santa Teresita del Niño Jesús nos enseñó:
Para mí, la oración es un impulso del corazón, es una sencilla mirada elevada al cielo, es un grito de gratitud y de amor, tanto en medio de la tribulación como en medio de la alegría
¡Así de sencillo!