martes, 17 de enero de 2017

Conoce a 5 santos que no se llevaban demasiado bien con sus familiares ¡Puedes encomendarte a ellos la próxima vez que pelees con tu madre o con tu cuñado!

Conoce a 5 santos que no se llevaban demasiado bien con sus familiares

Desde el comienzo de este mundo, la familia humana ha estado en el corazón de nuestra existencia. Nacemos en familia y es nuestra familia la que nos configura y moldea en la persona que hemos de convertirnos.
No obstante, el pecado también ha estado presente desde el principio y ha sembrado la discordia en las familias ya desde Adán y Eva. Además de crear divisiones entre la recién casada pareja en el Jardín del Edén, el pecado y la caída naturaleza humana separaron a sus dos hijos, culminando en el asesinado de Abel a manos de su propio hermano, Caín.
Pero Dios no se rindió con las familias tras aquellos incidentes, sino que lentamente trató de formarnos a Su imagen, enseñándonos mandamientos como el de “Honra a tu padre y a tu madre”.
Cuando Jesús entró en escena, confirmó la validez de los mandamientos y la necesidad de obedecer a los padres, pero desafió a los individuos a escoger a Dios por encima de todas las cosas, incluso de los vínculos familiares. En palabras de Jesús: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mateo 10:37-39).
En esencia, Dios ha estado intentando enseñarnos durante miles de años a que le sigamos, a Él y a Su ley, por encima de todo lo demás en nuestras vidas. Un cristiano o una cristiana no debe descuidar a su propia familia, pero cristianos y cristianas deben obedecer a Dios, y en ocasiones esto acarrea conflictos familiares.
Han existido muchos santos y santas con el paso del tiempo que tuvieron que afrontar este conflicto directamente y discernir qué hacer al respecto. En algunos casos el santo en cuestión estaba equivocado, se distanciaba de su familia a causa del pecado; sin embargo, otros santos tuvieron que cortar con los lazos familiares para seguir la llamada del Evangelio.
Para ayudarnos a comprender las múltiples dificultades de la vida familiar y a cómo responder ante ellas, aquí encontramos cinco ejemplos de hombres y mujeres que no se llevaban del todo bien con sus familias y que eligieron vivir según el Evangelio por encima de todo.
Santas Clara e Inés de Asís
Nacidas en una familia pudiente de Asís, santa Clara quedó profundamente conmovida a los 18 con las predicaciones de san Francisco sobre vivir el Evangelio de forma radical, así que escapó de la casa de su padre una noche con la ayuda de su tía Bianca. No tenía deseos de casarse, su devoción era dedicar su vida a Dios. Se reunió con san Francisco en una pequeña capilla, donde intercambió su cinturón adornado de joyas por un cordón nudoso alrededor de su cintura. Se cortó el pelo y recibió un velo, confirmando así su entrada en un convento benedictino.
Su padre estaba furioso por esta negativa a casarse, así que, acompañado de los tíos de Clara, fue a buscarla al convento para forzarla a volver a casa. Clara se aferró con fuerza al altar y reveló su pelo recortado, símbolo de su consagración a Dios.
La hermana de santa Clara, Inés, también huyó del hogar en mitad de la noche y buscó refugio en el convento benedictino con su hermana. Furioso por la pérdida de sus dos hijas, el padre envió a un tío y varios hombres armados para obligar a Inés a regresar. Trataron de agarrarla por el pelo, pero su cuerpo se volvió milagrosamente inamovible y cedieron en su intento.
Los familiares de santa Clara se percataron de que Dios las protegía y les permitieron permanecer en el convento y nunca más trataron de obligarlas a alejarse del plan de Dios.
Santos Agustín y Mónica
Nacido de un padre pagano y una madre cristiana, san Agustín se formó ya de adulto como catecúmeno, pero no se bautizó hasta su conversión, algo más tarde. Al principio, para Agustín, como joven intelectual que era, la filosofía y las enseñanzas maniqueístas dirigían su vida.
De este modo terminó en un estilo de vida pecaminoso y hedonista, al que no quería renunciar. En esta etapa, llegaba incluso a rezar a Dios pidiéndole: “Concédeme castidad y continencia, pero todavía no”.
Su elección de vivir de forma contraria al Evangelio era algo que pesaba gravemente a su madre, santa Mónica. Ella trató de orientarle en la buena dirección, y creía incluso que impidiendo a su hijo entrar en casa le ayudaría a recuperar el sentido. Esta tensión sometió a gran estrés su relación, pero Mónica persistió.
Más adelante, Agustín decidió mudarse a Roma y Mónica quiso ir con él. Estaba decidida a navegar hasta Roma con su hijo, y entonces Agustín le pidió que fuera a rezar a una capilla cercana. Cuando Mónica terminó de rezar, se dirigió al puerto, pero solo para ver cómo Agustín zarpaba sin ella.
Mónica terminó “ganando”, ya que, como fruto de sus persistentes oraciones, su hijo se convirtió y fue un gran santo de la Iglesia católica.
Santo Tomás de Aquino
Nacido en una familia noble italiana, santo Tomás de Aquino quedó cautivado por el estudio de la filosofía desde temprana edad y decidió entrar en la orden de los dominicos a los 19 años. Sin embargo, a su familia no le entusiasmaba mucho la idea de que un joven noble se ataviara como un mendigo.
Los dominicos le enviaron a Roma para que pudiera vivir alejado de la influencia de sus familiares, pero en el trayecto sus hermanos lo capturaron y encerraron en la fortaleza de San Giovanni en Roccasecca. Allí permaneció dos años enteros y durante ese tiempo sus padres, hermanos y hermanas intentaron disuadir a Tomás de continuar con su vocación religiosa. Hasta enviaron a una prostituta para que tentar a Tomás, pero él la ahuyentó usando uno de los hierros de la chimenea de su cuarto.
Su madre cedió por fin después de dos años y organizó una huida secreta, con la esperanza de no traer más vergüenza a la familia. Tomás descendió por una ventana con la ayuda de sus hermanas y volvió al cuidado de los dominicos.


Martes de la segunda semana del tiempo ordinario


Carta a los Hebreos 6,10-20. 

Hermanos:
Dios no es injusto para olvidarse de lo que ustedes han hecho y del amor que tienen por su Nombre, ese amor demostrado en el servicio que han prestado y siguen prestando a los santos.
Solamente deseamos que cada uno muestre siempre el mismo celo para asegurar el cumplimento de su esperanza.
Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.
Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, como no podía jurar por alguien mayor que él, juró por sí mismo,
diciendo: Sí, yo te colmaré de bendiciones y te daré una descendencia numerosa.
Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa.
Los hombres acostumbran a jurar por algo más grande que ellos, y lo que se confirma con un juramento queda fuera de toda discusión.
Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento.
De esa manera, hay dos realidades irrevocables -la promesa y el juramento- en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece.
Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo,
allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor, convertido en Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

Salmo 111(110),1-2.4-5.9.10c. 
Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas.

Él hizo portentos memorables,
el Señor es bondadoso y compasivo.
Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su alianza.

Él envió la redención a su pueblo,
promulgó su alianza para siempre:
Su Nombre es santo y temible.
¡El Señor es digno de alabanza eternamente!



Evangelio según San Marcos 2,23-28. 
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar.
Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?".
El les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre,
cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?".
Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado.
De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado". 

lunes, 16 de enero de 2017

El decálogo de Juan XXIII: sólo hoy, intentaré hacer el bien Los diez consejos para la serenidad que proponía el "Papa Bueno"

El decálogo de Juan XXIII: sólo hoy, intentaré hacer el bien


1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente este día, sin querer resolver de una sola vez el problema de mi vida.
2. Sólo por hoy pondré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis modales, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, salvo a mí mismo.
3. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.
4. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiem­po a una buena lectura; recordando que como el ali­mento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
5. Sólo por hoy haré una buena acción sin decírselo a nadie.
 
6. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido procuraré que nadie lo sepa.

7. Sólo por hoy seré feliz, en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en este mundo, sino también en el otro.
8. Sólo por hoy haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las cir­cunstancias demuestren lo contrario, que la buena pro­videncia de Dios se ocupa de mí como si nadie existie­ra en el mundo.
10. Sólo por hoy no tendré temores: De manera par­ticular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer el bien durante un día. Lo que me desa­lentaría sería pensar en tener que hacerlo durante toda mi vida.

La historia que inspira la película SILENCIO, de Martin Scorsese.

Dosier de prensa, la Compañía de Jesús en Japón

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Lunes de la segunda semana del tiempo ordinario


Carta a los Hebreos 5,1-10. 

Hermanos:
Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados.
El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana.
Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados.
Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.
Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.
Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.
Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.
De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen,
porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

Salmo 110(109),1.2.3.4. 
Dijo el Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
mientras yo pongo a tus enemigos
como estrado de tus pies».

El Señor extenderá el poder de tu cetro:
«¡Domina desde Sión,
en medio de tus enemigos!

Tú eres príncipe desde tu nacimiento,
con esplendor de santidad;
yo mismo te engendré como rocío,
desde el seno de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se retractará:
«Tú eres sacerdote para siempre,
a la manera de Melquisedec.»



Evangelio según San Marcos 2,18-22. 
Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo.
Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!".