domingo, 30 de diciembre de 2018

10 regalos de Navidad que no cuestan un centavo


¿Te atreves a hacerlos?

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Cuando llega el mes de diciembre, muchos nos preguntamos qué podemos dar a nuestros seres queridos. Son muchos los detalles de amor y de conversión los que podemos entregar, estos valen mucho más que un regalo costoso.
«La Navidad es un acontecimiento que se renueva en cada familia, en cada parroquia, en cada comunidad que acoge el amor de Dios encarnado en Jesucristo. Como María, la Iglesia muestra a todos la «señal» de Dios: el niño que ella ha llevado en su seno y ha dado a luz, pero que es el Hijo del Altísimo, porque «proviene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Por eso es el Salvador, porque es el Cordero de Dios que toma sobre sí el pecado del mundo (cf. Jn 1,29). Junto a los pastores, postrémonos ante el Cordero, adoremos la Bondad de Dios hecha carne, y dejemos que las lágrimas del arrepentimiento llenen nuestros ojos y laven nuestro corazón. Todos lo necesitamos» (Papa Francisco).
Aquí les dejamos una pequeña lista que esperamos sea de mucho provecho en este tiempo 🙂

1. Regala tu perdón sin reparo

perdon

Regálalo por tu propia paz interior. Hay quienes te pueden haber hecho daño, y no sin querer, sino apropósito, sólo por ver cómo sufrías. Pues aún a ellos perdónalos. Y, aunque no tengas la culpa, pídeles perdón, es la única forma de vivir en paz.
Cuando Jesús afirma en Mt. 5, 38-48: «Ustedes han oído que antes se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero yo les digo: No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra». Él no está hablando con metáforas, ése es el modo en que Dios nos ama, ésa es la manera en que debemos aprender a amar a todos; es difícil pero hay que hacerlo, si queremos acercarnos a nuestro modelo que es Cristo.

2. Regala tu oración frecuente

rezar
No hay mejor manera de demostrar nuestro amor por alguien que rezando por él. Así ponemos a las personas que amamos en las manos de nuestro Padre.
Encomendémoslas a Cristo y a la santa Virgen, concentrándonos con intensidad en la oración, sintiendo en nuestra alma cada palabra, y sintiendo, sobre todo, que tenemos a Cristo y a la Virgen delante de nosotros, escuchándonos, recibiendo y tomando en cuenta cada frase que sale de nuestros labios. Confiémonos a Cristo, pongamos a nuestros seres queridos en su Corazón, hablémosle, con suma confianza, como un pequeño niño que se dirige a su padre.

3. Regala tu dedicación y aprecio

aprecio
Hace poco, le pregunté a una amiga muy querida cuál sería el mejor regalo de Navidad y me dijo, ante mi asombro: «Un poema o un dibujo, un escrito, una tarjeta navideña, unos dulces caseros, un tejido, una pequeña escultura o un ramo de flores que hayan recogido para mí».
En verdad lo que más esperan nuestros seres queridos no es un regalo costoso, sino un obsequio que refleje nuestro aprecio y amor por ellos, algo que diga cuánto los amamos. Nadie se fija en cuánto has gastado, sino en cuánto de tu alma has dejado impregnada en el obsequio. Al fin y al cabo, nuestros familiares y amigos esperan algo muy personal, que diga también con qué profundidad los conocemos.

4. Regala un: «Te quiero»

quiero
Muchos de nosotros sabemos exactamente quiénes son esas personas imprescindibles en nuestras vidas, sin cuyas sonrisas, mensajes, compañía o afecto se nos haría muy difícil resistir.
Ellos están ahí justo en los momentos en los que sufres y lloras, en los que estás enfermo o decaído, también celebran contigo cuando has conseguido algo que ha marcado tu vida. Pero, aunque les agradecemos siempre, ¿cuándo les hemos dicho: «Te quiero»? ¡Qué difícil es decirlo, aún a nuestros propios padres y hermanos que conocemos de toda la vida! Y, sin embargo, no hay nada que alegre más a un ser humano que el saber y sentir que es importante en la vida de los demás.

5. Regala tu tiempo

tiempo
Uno de los regalos más preciosos que Dios nos ha dado es el tiempo. Es un regalo que debe ser bien administrado, no hay nada más valioso que el tiempo que dedicamos a los demás, no solo a servirlos, sino a a acompañarlos. La generosidad empieza por la disposición de entregarlo. Nunca olvidemos que: los actos de amor cubren multitud de pecados.
Te dejamos algunas sugerencias para servir con nuestro tiempo: Escuchar al hermano que nos cuenta sus problemas, escuchar a un amigo enfermo que nos explica sus dolores, esperar pacientemente a los doctores, dentistas, las luces rojas, etc., dar algún tiempo para la edificación espiritual de alguien, darse el tiempo de felicitar a alguien por un trabajo bien hecho, etc.

6. Regala humildad

humildad
Con frecuencia estamos ávidos de honores y reconocimiento, queremos que los demás sepan y valoren cada esfuerzo que hemos llevado a cabo, por lo que publicamos a bombo y platillo, a los cuatro vientos, todo cuanto ha ocurrido de grandioso en nuestras vidas, con la esperanza de que así nuestros amigos y familiares nos amen más.
Pero, ¿qué tal si desde ahora, aunque nos cueste, nos guardamos nuestras ansias de “fama” y aprecio? Lo que sea que hayas hecho de bueno, Dios ya lo sabe y es su reconocimiento lo único que te debe importar. Siéntete dichoso de que Él te valore en la justa medida, y que ningún sacrificio tuyo, por pequeño que sea, escapa a su mirada.

7.  Regala tu compañía

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A veces, cuando el lazo que te une a otro ser es muy fuerte, no es necesario decir nada, pues ambos se entienden solo con gestos. A veces lo único que necesitamos saber es que no estamos solos, que alguien más se preocupa por nosotros y desea nuestro bienestar, porque nos ama, y nuestro bien es el suyo.
Pero nuestra silenciosa compañía es lo único que desea una persona que pasa por una enfermedad muy grave o que acaba de perder a alguien importante. Porque, ¿qué podemos decir en momentos así?, ¿cómo consolar al otro, salvo con nuestra presencia y con nuestras oraciones?

8. El regalo de ceder en una discusión

discusion
No puede haber peleas si no hay dos que quieran pelear. Una vez le pregunté a un amigo, que llevaba ya diez años de casado, cómo hacía para tener un matrimonio exitoso, y me dijo, sonriendo: «Aunque yo tenga la razón, se la concedo con gusto a mi esposa.
Sé muy bien que si seguimos discutiendo, nos diremos mil palabras hirientes y no quiero eso. Por lo que casi siempre soy yo quien abandona la lucha». Si la mansedumbre fuese nuestra bandera, nos ahorraríamos muchísimos disgustos.

9. Ponte siempre en el lugar del otro

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Ponte siempre en el lugar del otro y pregúntate por qué ha actuado o hablado de tal modo, pregúntate también cómo reaccionaría él o ella si haces o dices lo que tienes en mente. Antes de responder o actuar, regálale tu calma o mantente en silencio sin que lances palabras duras y desdeñosas, de las que luego te arrepentirás. Las palabras no vuelven; podrán perdonar lo que digas, pero nunca lo olvidarán. Lo mismo ocurre con nuestros actos.

10. Regálale tu tiempo a Jesús

jesus
Si te sientes débil, busca a Jesús en el Santísimo, salúdalo, cuéntale todas tus penas y alegrías, dale las gracias por los dones recibidos y pídele todo aquello que tu corazón anhela (Él te dará consejo). Quédate en silencio sintiendo su presencia y su amor y, si lo necesitas, llora frente a Él. Pídele también perdón por tus faltas y dile cuánto lo quieres. Él se sentirá feliz y tú te sentirás como una persona nueva.


Lecturas del Domingo de la Sagrada Familia: Jesús, María y José - Ciclo C

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico (3,2-6.12-14):

El Señor honra más al padre que a los hijos y afirma el derecho de la madre sobre ellos.
Quien honra a su padre expía sus pecados, y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.
Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos y cuando rece, será escuchado.
Quien respeta a su padre tendrá larga vida, y quien honra a su madre obedece al Señor.
Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza.
Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.
Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

V/. Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

V/. Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

V/. Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (3,12-21):

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.
Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo cuerpo.
Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.
Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor.
Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimos.

Palabra de Dios

Evangelio

Evangelio según san Lucas (2,41-52, del domingo, 30 de diciembre de 2018
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Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-52)

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor

sábado, 29 de diciembre de 2018

El Dios de las sorpresas


Antes, la Navidad era pura sorpresa. Era abrir con emoción la caja con las figuritas del belén del año anterior. Era acudir a los puestos navideños a comprar la lavandera que se había roto. Era escribir una carta en la que ponías que te habías portado bien y, luego, soñabas. Era lo que envolvíamos y más aun lo que ansiábamos desenvolver. Quizá éramos más de verdad. El poder de la sorpresa.
Solo hace falta seguir los pasos del Papa en cada Navidad para comprobar, por sus gestos, que está tan acostumbrado a las sorpresas de Dios, que él mismo disfruta sorprendiendo. Lo hizo el pasado viernes, cuando llamó a la puerta de su vecino, Benedicto XVI para felicitarle la Navidad. Y no se presentó de vacío, en su mano llevaba una bolsa con regalo sorpresa para el Papa emérito. Las imágenes nos dejaron dos Papas, titular y emérito, compartiendo confidencias en un cuarto de estar.
El día en el que España estaba pendiente de la lotería, las personas sin hogar del Vaticano también fueron nuevamente sorprendidos por Francisco: un ambulatorio renovado, con todo lo necesario para recibir atención primaria sin que tengan que mostrar papeles. Mientras les toman la tensión, alguien los escucha. Las sorpresas de Dios bajo la columnata de Bernini.
En la noche de Navidad, Francisco nos invitó a recibir con ternura al Niño de Belén, que propone un modelo de vida nuevo: compartir y dar. El día 25, en su mensaje al mundo entero, antes de impartir la bendición urbi et orbi, Francisco reveló que su deseo para estos días se resume en una sencilla palabra: fraternidad. Sin ella, «nuestros esfuerzos por un mundo más justo no llegarían muy lejos, e incluso los mejores proyectos corren el riesgo de convertirse en estructuras sin espíritu». Y todavía queda mucha Navidad. Francisco despedirá el año rezando el Te Deum y, después, seguro que se sorprenderá cuando visite el nacimiento de arena que preside la plaza de San Pedro.
A veces esperamos mucho de la Navidad y estamos ciegos ante lo que realmente ocurre ante nuestros ojos.  En su homilía de la Misa del Gallo, recordaba Francisco que «cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi yo hambriento y egoísta, sino Él, que nace y vive por amor». Quizás merezca la pena intentar que el Dios de las sorpresas, transforme a mejor nuestra vida en esta Navidad.
Eva Fernández @evaenlaradio

Lecturas del Día V dentro de la Octava de Navidad.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (2,3-11):

En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo –lo cual es verdadero en él y en vosotros–, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Palabra de Dios

Salmo

Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
cantad al Señor, toda la tierra; 
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/. 

Proclamad día tras día su victoria. 
Contad a los pueblos su gloria, 
sus maravillas a todas las naciones. R/. 

El Señor ha hecho el cielo; 
honor y majestad lo preceden, 
fuerza y esplendor están en su templo. R/.

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-35):

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, corno dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. 
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor

viernes, 28 de diciembre de 2018

6 datos que tal vez no conocías de los Santos Inocentes

El Triunfo de los Inocentes / Imagen: William Holman Hunt (Wikimedia Commons)



El día veintiocho de diciembre se celebra la Fiesta de los Santos Inocentes y por ese motivo esta recopilación de datos puede ayudar a muchos católicos a comprender su origen histórico y conocer los detalles sobre el martirio de aquellos niños en el tiempo de Jesús.
El P. Sergio Román, a través del Sistema Informativo de la Arquidiócesis de México (SIAME), presenta estos 6 datos.
1. La muerte de los Santos Inocentes fue un genocidio
Herodes les dijo a los Magos de Oriente que estaba muy interesado en el rey que acababa de nacer y les pidió que a su regreso le informaran sobre éste para ir también a adorarlo. La estrella guio a los magos hasta el Niño, y cumplida su misión, regresaron a sus patrias por otros caminos, pues un ángel les avisó en sueños que Herodes quería matar a Jesús.
Engañado por los Magos, Herodes pidió matar a todos los niños menores de dos años con el deseo de acabar con aquel Rey nacido en Belén, que ponía en peligro su propio reinado.
Se produjo un genocidio conocido como la matanza de los inocentes. La Iglesia los recuerda el 28 de diciembre, unidos a la Navidad, porque ellos no murieron por Cristo, sino en lugar de Cristo.
2. El rey que los mandó a matar ya era conocido por sus crímenes
Así se hacía llamar aquel rey de Palestina, títere del imperio romano. Fue grande porque supo ganar guerras y conquistar tierras para su reino, pero también por sus crímenes: se casó con Mariamme, hija del sumo sacerdote Hircano II. Temeroso de que aspiraran a su reino, mandó matar a su yerno, José; a Salomé; al sumo sacerdote Hircano II; a su esposa Mariamme; a los hermanos de ella, Aristóbulo y Alejandra; a sus propios hijos, Aristóbulo, Alejandro y Antípatro.
Cuando se sintió enfermo mandó encerrar a todos los personajes importantes de Jericó con la orden de que tan pronto como muriera los mataran a flechazos. Muerto Herodes, no se cumplió esta orden. Con estos datos, podemos comprender que para él fue fácil mandar matar a los Santos Inocentes. ¿Cuántos fueron? Hoy se sabe que Belén no debió tener más de mil habitantes y que a ese número, probablemente, correspondería una población de 20 niños varones.
3. Una cueva de Belén se dedicó a su memoria
Santa Elena, madre del emperador Constantino, que dio paz a los cristianos en el siglo IV, construyó una Basílica sobre la cueva de Belén en la que nació el Niño Jesús. Esa Basílica, reconstruida, todavía existe y guarda en su cripta la preciosa cueva en donde una estrella de plata señala el lugar del santo nacimiento. “Aquí nació Jesucristo de María la Virgen”, dice la inscripción en Latín.
La cueva de Belén es un sistema de cavernas que se prolongan debajo de la antigua basílica y del templo católico de Santa Catalina. En una de estas cavernas fueron encontrados restos de niños enterrados. El primer pensamiento fue que eran los restos de los Santos Inocentes, pero los féretros correspondían a una época muy posterior. De todos modos, esa caverna se dedicó a la memoria de los Santos Inocentes.
4. Juan el Bautista se salvó de la persecución
Ain Karen es un pueblo cercano a Jerusalén. Según la tradición, es el lugar de “La Visitación” y del nacimiento de Juan el Bautista. Éste era mayor que Jesús tan solo seis meses y existe la leyenda de que también iba a ser víctima de Herodes. Perseguida su madre, Isabel, por los soldados asesinos, buscó una roca en el monte detrás de la cual ocultó al pequeño Juan antes de que los soldados la alcanzaran.
Cuando los soldados le dieron alcance, la registraron y buscaron incluso detrás de la roca, pero no vieron nada. Cuando se fueron, Isabel corrió a buscar a su niño y descubrió que la roca se había ahuecado para dar lugar en su interior al pequeño perseguido y así se salvó Juan el Bautista. En la Basílica de la Visitación, sobre el monte, se guarda una extraña roca ahuecada que recuerda esta anécdota.
5. En la actualidad todavía existen santos inocentes
La celebración litúrgica debe recordarnos no solo a aquellos niños asesinados en lugar de Cristo, sino a todos aquellos inocentes perseguidos y asesinados en la actualidad. Los humanos somos capaces de monstruosidades que nos avergüenzan.
Seguimos asesinándonos por motivos religiosos, políticos, económicos y cada vez que denunciamos uno de estos crímenes clamamos indignados “¡Nunca más!”, para luego repetir la historia. No permanezcamos indiferentes ante estos genocidios, despertemos en nosotros la solidaridad y unamos nuestras voces y nuestras acciones a las de estos inocentes que siguen muriendo en lugar de Cristo.
6. Existen tradiciones populares a partir de esta fiesta 
La vida cristiana hace surgir tradiciones populares que refuerzan la celebración de las fiestas y las hace memorables. En Hispanoamérica es costumbre realizar bromas de toda índole.