jueves, 15 de marzo de 2018

El Papa nombra a mujer para importante puesto en el Vaticano

La Basílica de San Pedro del Vaticano. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

El Papa Francisco ha nombrado Subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, a Sor Carmen Ros, N.S.C., de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, hasta ahora Oficial del mismo dicasterio.
Sor Carmen Ros Nortes, N.S.C., nació el 20 de diciembre de 1953 en Espinardo, Murcia (España). El 19 de enero de 1986 hizo los votos perpetuos en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación.
Es diplomada en Teología, Pedagogía Catequética y Ciencias Humanas, todos ellos conseguidos en España.
En 1985 se licenció en Teología, con especialización en Mariología, en el Marianum de Roma.
En este tiempo, ha ocupado diversos cargos en su congregación religiosa y ha sido misionera en Corea del Sur.
Entró a trabajar en la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica el 1 de enero de 1992; actualmente era asistente de estudio. Dentro del dicasterio antes mencionado ha desempeñado varias funciones, tanto en la Oficina del Gobierno Ordinario, vida y apostolado, como en la Oficina de Promoción y Formación. Es además profesora en el Studium del mismo dicasterio.
Fue enviada especial del dicasterio en el VII Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Vida Consagrada, (Quito, Ecuador, 13-17 de octubre de 2014).

El Papa: ¡Hablemos! Ateo o no, a los dos nos comerán los gusanos



¿Cómo se dialoga con un ateo? El Pontífice explica esto y más en el nuevo libro: ‘Política y Sociedad’, conversaciones con Dominique Wolton, edición Encuentro, publicado recientemente en español

El papa Francisco considera (bajo la visión aristotélica) que todos los hombres y mujeres son ‘animales políticos’, incluido el pontífice al que subyace el poder/servicio temporal de pastorear a millones de católicos.
Igualmente insta a “derribar los muros y construir puentes”, incluso con quien no tiene el ‘don’ de la fe a partir de compartir la misma humanidad. “Podemos hablar sin tener miedo – tú eres ateo, yo no…pero ¡hablemos! – Ambos vamos a terminar en el mismo lugar. A los dos nos comerán los gusanos”.
La realidad lleva a choques y también a establecer puentes. “La realidad es la verdad […] Se puede hablar de la cuadratura del círculo hasta el fin del mundo, pero es inútil”. La verdad es un camino de búsqueda y se hace con los demás.
Francisco expone su visión de la política y de la sociedad en el dialogo con Dominique Wolton, quien intenta entrar en la mente de un líder que sin ser un político (desde el punto de vista más convencional de la palabra)  es un punto de referencia para otros líderes y políticos en el mundo.
¿Un partido para solo católicos o cristianos? Francisco la considera una idea que lleva solo al fracaso. “La Iglesia debe servir en el campo de la política para lanzar puentes: es su papel diplomático”. Hombres y mujeres implicados en la realidad de todos los días.
Doce encuentros (entre febrero de 2016 y febrero de 2017) con el intelectual francés para conversar de los desafíos de nuestro tiempo. Aquí subrayamos la parte dedicada a la alteridad, el tiempo y la alegría, en la que el Papa se aplica al diálogo y la verdadera comunicación, hasta con aquellos que piensan distinto.
Específicamente, el sociólogo francés, teórico de la comunicación, especialista en mass media le pregunta al Papa sobre qué diálogo se puede mantener con los ateos y le recuerda que la Iglesia ha matado a muchos ateos y quienes desde el siglo XVIII han hecho mucho por la liberación social, política y por la democracia.
Francisco también le pone humor: “En otra época había algunos que decían: “¡Dejadles tranquilos, van a ir al infierno!”. Y sin eludir la pregunta asegura: “Sin embargo, no se debe hablar nunca con adjetivos. La verdadera comunicación se realiza con sustantivos. Es decir, con una persona. Esta persona puede ser agnóstica, atea, católica, judía…pero todo esto son adjetivos”.
“Yo por mi parte, hablo con una persona. Se debe hablar con una persona. Con una mujer, con un hombre, como yo”, sostiene.
Dominique Wolton insiste: ¿Cómo se puede dialogar con una persona atea? El Papa responde: “Pues lo último que deberías hacer es dirigirte (predicar) a un ateo. Tú debes vivir tu vida, escucharle, pero no debes hacer apología”.
Asimismo, el Obispo de Roma pone el diálogo en el plano de la experiencia humana y acepta que la fe es un don que solo Dios da. “Dios te salvará de otra manera”, indica con apertura. Wolton anteriormente le había expuesto que los ateos también tienen méritos incluso sobrepasando a ‘fieles’ o consagrados.
Entonces, el Papa propone caminar juntos y hablar de los temas en común: “Problemas éticos, cuestiones míticas, asuntos humanos…Muchas cosas […].Podemos hablar del desarrollo de la humanidad…Hablar de cosas comunes”.
Acepta que hayan puntos de vista diferentes, pero que se necesita hablar y “cuando llegue el problema de Dios, cada uno expresará su opción. Pero escuchando al otro con respeto”.
El Papa trae a colación su experiencia para introducir el diálogo también con los agnósticos y cuenta de la mujer que escuchó un sermón siendo atea y luego ella le manifestó que en ese momento había empezado a dudar de la no-existencia de Dios.
El también director de investigación del Centre national de la recherche scientifique (CNRS), le preguntó sobre cómo comunicar el mensaje de la misericordia a los ateos. “Ellos no lo comprenden”.
“Haga algo bueno por alguien”, dice el Papa. “Hágalo. Y si no está interesado por este tema, piense en los que se encuentran en necesidad. Piense en los niños de Siria. Tenga un pensamiento misericordioso. Una emoción interior”.
El catedrático interroga al Papa: ¿Qué piensa usted de la frase de Pío XII que decía: “El drama de nuestra época es que ha perdido el sentido del pecado”.
Francisco está de acuerdo con la frase de su predecesor sobre la perdida del sentido del pecado que vive el mundo de hoy. Y agrega: “Lo muestra el hecho de que veamos hoy a un kamikaze que se hace explotar matando a cincuenta personas. Que veamos traficantes que hacen que la gente se ahogue en el canal de Sicilia”.
El Papa indica que una persona honesta se preguntará sobre lo que está pasando. “Cómo mínimo eso. Y la brújula moral es algo aceptado por todos (de nuevo en referencia al diálogo con ateos y agnósticos de buena voluntad)”.
Luego admite que “el pecado supone la fe”. “Pero carecer de brújula moral es una idea que afecta a todo el mundo. Incluso a los ateos. Y hasta un ateo convencido y honesto se dice a sí mismo que sí, que este mundo carece de un brújula moral”.
Así, pone el ejemplo del economista ultraliberal que lee Laudato Si’ y acaba por aceptar que a la economía le falta una brújula moral. Pero que no se trata de ‘rigorismo’. “Lo moral es pagar honestamente a los obreros, pagar honestamente al servicio doméstico…”. El problema para el Papa son las contradicciones.
En esta línea, sostuvo que “gracias a Dios” la gente se escandaliza por los abusos cometidos a menores. Al mismo tiempo, reprochó que los medios de comunicación no digan lo suficiente sobre el negocio de la pornografía en Internet y la difusión de todo tipo de “porquerías”.
El Papa subrayó la hipocresía. “¿Y quien autoriza todo esto? El mismo gobierno que condena a los abusos a menores. Y, sin embargo, se difunden películas que muestran cómo abusar de menores…”.
Así, la voz del Papa prosigue en las 312 páginas del libro y se extiende alrededor de temas como la paz, la guerra; la política, las religiones, la mundialización y la diversidad cultural; los fundamentalismos y la laicidad; Europa y los migrantes, la ecología, las desigualdades en el mundo; el ecumenismo y el diálogo interreligioso, y el individuo, la familia y la alteridad.
La novedad del libro está en el intercambio intelectual entre el Papa y Dominique Wolton en el que destacan las preguntas centradas en la búsqueda de sentido sobre la realidad de nuestros días.

Jueves de la cuarta semana de Cuaresma


Libro del Exodo 32,7-14. 

El Señor dijo a Moisés: "Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido.
Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido. Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: "Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto".
Luego le siguió diciendo: "Ya veo que este es un pueblo obstinado.
Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación".
Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: "¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa?
¿Por qué tendrán que decir los egipcios: "El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?". Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.
Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: "Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia".
Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

Salmo 106(105),19-20.21-22.23. 
En Horeb se fabricaron un ternero,
adoraron una estatua de metal fundido:
así cambiaron su Gloria
por la imagen de un toro que come pasto.

Olvidaron a Dios, que los había salvado
y había hecho prodigios en Egipto,
maravillas en la tierra de Cam
y portentos junto al Mar Rojo.

El Señor amenazó con destruirlos,
pero Moisés, su elegido,
se mantuvo firme en la brecha
para aplacar su enojo destructor.


Evangelio según San Juan 5,31-47. 
Jesús dijo a los judíos:
Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría.
Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.
Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad.
No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes.
Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado.
Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro,
y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.
Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí,
y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.
Mi gloria no viene de los hombres.
Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes.
He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir.
¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?
No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza.
Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí.
Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?". 

miércoles, 14 de marzo de 2018

Cuando alguien a quien amas es un adicto


Mi querido amigo está enterrado debajo de años de abuso, negligencia, uso de drogas, cambio en la química cerebral y pecado. Sólo Dios puede sacarlo

Cuando le vi atravesar por primera vez la entrada de la parroquia me pregunté si se había perdido. Con la gorra hacia atrás y los pantalones holgados, caminaba contoneándose como un crío acostumbrado a exigir el respecto y el temor de los que le rodean.
Como yo era la encargada del evento de la parroquia, me armé de valor y me acerqué a recibirle.
“Hola”, dije con tono resuelto, pero amable. “¿Has venido por la noche de juegos?”.
De inmediato se esfumó la dureza de sus ojos y me miró tímidamente. Me respondió con una amplia sonrisa en su cara, “¡Sí, gracias!”, y a continuación se sentó como un chiquillo a mirar entusiasmado el juego del Uno que ya estaba en marcha.
Así conocí a mi amigo, llamémoslo Ben, en esta reunión social que había organizado para mi parroquia en Oakland. No tardó en confesarnos, a mí y a varios otros de los feligreses habituales, que acababa de salir de la cárcel. Sin embargo, nos aseguró que durante su reclusión había encontrado a Jesús y había vuelto a su fe católica.
Ben fue una inspiración para todos nosotros. Se conocía la Escritura al dedillo. Estaba repleto de entusiasmo, alegría y compasión por los demás. Era un caballero que mostraba preocupación por los mayores del grupo, siempre se interesaba por cómo estaban los demás y abrió las puertas para la llegada de otros. Su fogosidad con la fe era mayor de la que jamás había visto en alguien de su edad. A veces me preguntaba si su vocación podría ser el sacerdocio.
Pronto descubrí que Ben se crió con dos padres drogadictos. Él mismo ya se había convertido en adicto antes de llegar a la adolescencia. Con el tiempo, empezó a traficar, fue arrestado y terminó en prisión.
Allí en la cárcel, Ben pasó por una experiencia de conversión, dejó a un lado las drogas y se involucró en el ministerio católico. Cambió por completo, pero su pasado aún le perseguía y estaba dispuesto a arrastrarle de nuevo.
Cierto día, mientras íbamos en el coche con unos amigos, alguien le preguntó “Ben, ¿crees que podrías volver a caer en las drogas?”.
Supuse que su respuesta sería “¡Claro que no!”.
Pero hizo una pausa y dijo, con su franqueza característica: “No estoy seguro. Sinceramente espero que no”.
Tengo aquel momento grabado a fuego en mi memoria. Recuerdo la calle en la que entramos. Recuerdo el gesto de sorpresa en cara de mi otro amigo. Y recuerdo que pensé: “En realidad no tengo ni idea de lo que es estar en la piel de Ben”.
Al poco me mudé y me marché del Área de la Bahía de San Francisco para unirme al convento, pero mantuve el contacto. Ben no tenía muchos apoyos en su vida y yo me sentía como su hermana mayor.
Ben había estado trabajando y yendo a la escuela, pero un día me dijo que sentía que debía centrarse en cuidar de su anciana abuela, que padecía demencia. Nadie más podía cuidar de ella. Me pregunté si Ben podría manejar la situación, pero se negó a considerar otras alternativas. Renunció a su trabajo y su vida pasó a girar en torno al cuidado de su abuela.
Comencé a saber de él cada vez con menos frecuencia. Le envié algo de dinero confiando en que pudiera venir a la profesión de mis votos, pero me dijo que lo tenía difícil. Empecé a preguntarme qué estaría pasando. El Ben que yo conocí nunca se habría perdido la ceremonia de mis votos de haber tenido oportunidad. Unos meses más tarde recibí una llamada.
“Tengo que contarte algo, Theresa, y no te va a gustar. He estado tomando drogas otra vez”, dijo Ben con voz temblorosa. Y luego se apresuró a añadir: “Pero ya he parado y voy a levantar cabeza”.
Me quedé helada. “¿Qué se debe decir en una situación así?”, pensé. De inmediato me di cuenta de lo inocente que había sido, mandándole dinero, escuchando sus llamadas nerviosas y paranoides y tratando de empatizar. ¿Cómo no me había dado cuenta?
El periodo de abstinencia de Ben duró un mes o dos como mucho. Pocos meses después estaba de nuevo en prisión con cargos graves.Escribí una carta al juez pidiéndole que enviara a Ben a un centro de desintoxicación y no a la cárcel. Ben no fue a rehabilitación, pero le dieron la condicional después de unos pocos meses en la cárcel.
Cuando liberaron a Ben, un amigo de la parroquia fue a recogerle de la cárcel y le ofreció llevarle directamente a rehabilitación. Ben rechazó la oferta de manera poco convincente, argumentando que tenía que cuidar de su abuela.
Mi amigo me dijo más tarde que el Ben que recogió de la cárcel no era el mismo hombre que conocimos en la iglesia. Estaba encrespado, hiperactivo, agresivo y era incapaz de concentrarse. Nada que ver con el hombre generoso, amable e irremediablemente optimista que conocíamos. Cuando me enteré de esto, supe que era sólo cuestión de tiempo antes de que volviera a la cárcel.
No obstante, llamé por teléfono a Ben varias veces durante los meses siguientes. Cada vez que hablaba con él, le decía que le quería y que me gustaría que mantuviera el contacto, incluso si seguía yendo a rehabilitación y a grupos desintoxicación de 12 pasos.
“No hace falta que estés en un lugar perfecto para hablar conmigo”, le insistía. Incluso tras la neblina de las drogas, escuchó mi súplica y me siguió respondiendo a mensajes que le mandaba periódicamente sólo para hacerme saber que seguía vivo.
Hasta que un día no hubo respuesta.
Tuve la certeza de que había vuelto a la cárcel. Busqué su nombre en Internet y apareció una aterradora fotografía policial. Ahí estaba con una camiseta sucia y desgarrada y un rostro demacrado y macilento. Sus ojos eran fríos y duros.
Todavía no he contactado con Ben. Voy a mandarle una carta diciéndole que le quiero y que rezo para que busque la ayuda que necesita y tenga otra conversión.
Dios ya lo hizo una vez, lo puede volver a hacer.
A veces siento que mi corazón va a explotar de pena por la vida que Ben ha tenido, por las cartas que le han repartido y las elecciones que ha tomado. Me pregunto cómo es posible que Dios quisiera más a Ben que a mí, pero sé que es así y cuento con ello. Mi querido amigo está enterrado bajo años de abuso, negligencia, drogas, química cerebral alterada y pecado.
Sólo Dios puede sacarlo de ahí.
Ojalá todo el mundo hubiera tenido los padres que yo he tenido, el amor que yo he experimentado y el fuego del amor y la fe que Dios encendió y luego pacientemente reavivó en mi corazón.
Yo he visto ese mismo fuego en el corazón de Ben. Era abrasador.
Y sé que Dios lo volverá a encender, si Ben se lo permite.
Por favor, permíteselo.
Querido Dios, un ser querido mío es drogadicto. Sé que no puedo hacer nada para llegar hasta él. La lógica, las palabras perfectas, incluso el amor, a veces no bastan para atravesar la niebla. Eres el único que puede ayudar a __________ a encontrar la motivación y la esperanza para liberarse de las cadenas de la adicción. Señor, viniste a la tierra para liberarnos de nuestros pecados. Vierte tu gracia sobre este mundo tan necesitado de tu amor, y en especial sobre__________, a quien tanto quiero. Amén.

Miércoles de la cuarta semana de Cuaresma


Libro de Isaías 49,8-15. 

Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas,
para decir a los cautivos: "¡Salgan!", y a los que están en las tinieblas: "¡Manifiéstense!". Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas.
No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua.
De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados.
Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním.
¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de sus pobres!
Sión decía: "El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí".
¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

Salmo 145(144),8-9.13cd-14.17-18. 
El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.

El Señor es justo en todos sus caminos
y bondadoso en todas sus acciones;
está cerca de aquellos que lo invocan,
de aquellos que lo invocan de verdad.



Evangelio según San Juan 5,17-30. 
Jesús dijo a los judíos:
"Mi Padre trabaja siempre, y yo también trabajo".
Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre.
Entonces Jesús tomó la palabra diciendo: "Les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por sí mismo sino solamente lo que ve hacer al Padre; lo que hace el Padre, lo hace igualmente el Hijo.
Porque el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que hace. Y le mostrará obras más grandes aún, para que ustedes queden maravillados.
Así como el Padre resucita a los muertos y les da vida, del mismo modo el Hijo da vida al que él quiere.
Porque el Padre no juzga a nadie: él ha puesto todo juicio en manos de su Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.
Les aseguro que el que escucha mi palabra y cree en aquel que me ha enviado, tiene Vida eterna y no está sometido al juicio, sino que ya ha pasado de la muerte a la Vida.
Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán.
Así como el Padre dispone de la Vida, del mismo modo ha concedido a su Hijo disponer de ella,
y le dio autoridad para juzgar porque él es el Hijo del hombre.
No se asombren: se acerca la hora en que todos los que están en las tumbas oirán su voz
y saldrán de ellas: los que hayan hecho el bien, resucitarán para la Vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para el juicio.
Nada puedo hacer por mí mismo. Yo juzgo de acuerdo con lo que oigo, y mi juicio es justo, porque lo que yo busco no es hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.