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Comenzamos un nuevo Año Litúrgico y con él, una nueva andadura. Un Año de Jubileo extraordinario de la Misericordia y por eso nuestras Parroquias se animan a acercarte a Dios a través de este blog. Te animas tú a acercarte más a Dios?.

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EVANGELIO DIARIO

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Comunicado Obispo Nivariense

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Meditaciones Diarias 2020- Francisco

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lunes, 25 de julio de 2016

Debemos preguntarnos cómo rezamos y no cuánto El Papa Francisco explica la mejor manera de orar para llegar al corazón de Dios y obtener su misericordia.



El papa Francisco explicó hoy su  audiencia general cómo hay que orar, para llegar al corazón de Dios, e invitó a ¨reencontrar el camino hacia el corazón¨ de los hermanos y de Dios, que ¨tiene debilidad por los humildes¨. El pontífice diferenció la actitud engreída del fariseo al rezar de la humilde del publicano. ¨El publicano es el icono del auténtico creyente; el fariseo, icono del hipócrita¨, sostuvo y agregó: “Más que preguntarnos cuánto rezamos, podemos preguntarnos cómo lo hacemos, o mejor cómo es nuestro corazón para valorar los pensamientos y sentimientos, y eliminar toda arrogancia”. 
El papa Francisco explicó  en la audiencia general cómo hay que orar, para llegar al corazón de Dios, e invitó a "reencontrar el camino hacia el corazón" de los hermanos y de Dios, que "tiene debilidad por los humildes". 

Ante la multitud reunida en la Plaza San Pedro, el pontífice leyó la parábola del fariseo y del publicano de San Lucas, y recordó "Todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido". 

Tras invitar en dos oportunidades a los presentes a decir tres veces como el publicano la oración: “Oh Dios, ten piedad de mi pecador”, diferenciar la actitud engreída del fariseo de la humilde del publicano. 

“En la parábola del fariseo y el publicano, que suben al templo para orar, Jesús nos enseña la actitud correcta para invocar la misericordia del Padre”, sostuvo. 

“El fariseo hace una oración de agradecimiento en la que se complace de sí mismo por el cumplimiento de la ley, se siente irreprensible y desprecia a los demás. Su soberbia compromete toda obra buena, vacía la oración, y lo aleja de Dios y del prójimo”, agregó. 

Francisco dijo que “más que preguntarnos cuánto rezamos, podemos preguntarnos cómo lo hacemos, o mejor cómo es nuestro corazón para valorar los pensamientos y sentimientos, y eliminar toda arrogancia”. 

“El publicano ora con humildad, arrepentido de sus pecados, mendiga la misericordia de Dios. Nos recuerda la condición necesaria para recibir el perdón del Señor y se convierte en imagen del verdadero creyente. La oración del soberbio no alcanza el corazón de Dios, la oración humilde obtiene su misericordia”, subrayó. 

Al finalizar la catequesis, el Papa saludó a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica: “Que la Virgen María, nuestra Madre, que proclama en el Magnificat la misericordia del Señor, nos ayude a orar siempre con un corazón semejante al suyo”, pidió. 

Catequesis del papa Francisco 
 
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! 

El miércoles pasado hemos escuchado la parábola del juez y la viuda, sobre la necesidad de orar con perseverancia. Hoy, con otra parábola, Jesús quiere enseñarnos cuál es la actitud justa para orar e invocar la misericordia del Padre: cómo se debe orar. Una actitud justa para orar. Es la parábola del fariseo y del publicano (Cfr. Lc 19,9-14). 

Ambos protagonistas suben al templo a orar, pero actúan de modos muy diferentes, obteniendo resultados opuestos. El fariseo ora «de pie» (v. 11), y usa muchas palabras. La suya, si, es una oración de agradecimiento dirigida a Dios, pero en realidad es un alarde de sus propios méritos, con sentido de superioridad hacia los «demás hombres», calificándolos como «ladrones, injustos y adúlteros», como, por ejemplo – y señala a aquel otro que estaba ahí - «como ese publicano» (v. 11). Pero precisamente aquí está el problema: aquel fariseo ora a Dios, pero en verdad mira a sí mismo. ¡Ora a si mismo! En vez de tener delante a sus ojos al Señor, tiene un espejo. A pesar de encontrarse en el templo, no siente la necesidad de postrarse delante de la majestad de Dios; está de pie, se siente seguro, ¡casi fuera él, el dueño del templo! Él enumera las buenas obras cumplidas: es irreprensible, observante de la Ley más de lo debido, ayuna «dos veces por semana» y paga la “decima” parte de todo aquello que posee. En conclusión, más que orar, el fariseo se complace de la propia observancia de los preceptos. Y además, su actitud y sus palabras están lejos del modo de actuar y de hablar de Dios, quien ama a todos los hombres y no desprecia a los pecadores. Éste desprecia a los pecadores, también cuando señala al otro que está ahí. Aquel fariseo, que se considera justo, descuida el mandamiento más importante: el amor a Dios y al prójimo. 

No basta pues preguntarnos cuánto oramos, debemos también examinarnos cómo oramos, o mejor, cómo es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y extirpar la arrogancia y la hipocresía. Pero, yo pregunto: ¿se puede orar con arrogancia? No. ¿Se puede orara con hipocresía? No. Solamente, debemos orar ante Dios como nosotros somos. Pero éste oraba con arrogancia e hipocresía. Estamos todos metidos en la agitación del ritmo cotidiano, muchas veces a merced de sensaciones, desorientadas, confusas. Es necesario aprender a encontrar el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque es ahí que Dios nos encuentra y nos habla. Solamente a partir de ahí podemos nosotros encontrar a los demás y hablar con ellos. El fariseo se ha encaminado hacia el templo, está seguro de sí, pero no se da cuenta de haber perdido el camino de su corazón. 

El publicano en cambio se presenta en el templo con ánimo humilde y arrepentido: «manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho» (v. 13). Su oración es breve, no es tan larga como aquella del fariseo: «Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador». Nada más. “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. Bella oración, ¿eh? Podemos decirla tres veces, todos juntos. Digámosla: “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. De hecho, los cobradores de impuestos – llamados justamente, publicanos – eran considerados personas impuras, sometidas a los dominadores extranjeros, eran mal vistos por la gente y generalmente asociados a los “pecadores”. La parábola enseña que se es justo o pecador no por la propia pertenencia social, sino por el modo de relacionarse con Dios y por el modo de relacionarse con los hermanos. Los gestos de penitencia y las pocas y simples palabras del publicano testimonian su conciencia acerca de su mísera condición. Su oración es esencial. Actúa como un humilde, seguro solo de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedía nada porque tenía ya todo, el publicano puede solo mendigar la misericordia de Dios. Y esto es bello, ¿eh? Mendigar la misericordia de Dios. Presentándose “con las manos vacías”, con el corazón desnudo y reconociéndose pecador, el publicano muestra a todos nosotros la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final justamente él, despreciado así, se convierte en icono del verdadero creyente. 

Jesús concluye la parábola con una sentencia: «Les aseguro que este último – es decir, el publicano - volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado» (v. 14). De estos dos, ¿Quién es el corrupto? El fariseo. El fariseo es justamente el icono del corrupto que finge orar, pero solamente logra vanagloriarse de sí mismo delante de un espejo. Es un corrupto pero finge orar. Así, en la vida quien se cree justo y juzga a los demás y los desprecia, es un corrupto y un hipócrita. La soberbia compromete toda acción buena, vacía la oración, aleja a Dios y a los demás. Si Dios prefiere la humildad no es para desanimarnos: la humildad es más bien la condición necesaria para ser ensalzados por Él, así poder experimentar la misericordia que viene a colmar nuestros vacíos. Si la oración del soberbio no alcanza el corazón de Dios, la humildad del miserable lo abre. Dios tiene una debilidad: la debilidad por los hombres. Delante a un corazón humilde, Dios abre su corazón totalmente. Es esta humildad que la Virgen María expresa en el cantico del Magníficat: «Ha mirado la humillación de su esclava. […] Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen» (Lc 1,48.50). Que Ella nos ayude, nuestra Madre, a orar con un corazón humilde. Y nosotros, repitamos tres veces más, aquella bella oración: “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. “Oh Dios, ten piedad de mí pecador”. Gracias. + 
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La increíble conversión al catolicismo de la hija de Stalin "Fui acogida entre los brazos de la Virgen María, a la que nunca me había acostumbrado a llamar por su nombre”


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"He dejado de esperar poder liberarme algún día de la etiqueta ‘la hija de Stalin’. No puedes llorar tu destino, aunque lamento que mi madre no se casara con un carpintero”. Estas son las palabras pronunciadas, en una de sus últimas entrevistas, por Svetlana Iosifovna Allilueva, hija de Joseph Stalin y de su segunda mujer, Nadezhda Allilueva.
Svetlana nació en 1926, cuando su padre era ya primer secretario general del Partido comunista soviético. La madre murió seis años después, oficialmente de peritonitis pero casi seguramente por suicidio, en la noche del 8 noviembre de 1932. Ella vivió esporádicamente con sus padres (aunque era la preferida de su padre Joseph) y creció con una niñera.
Sin embargo, ella cuenta que siempre fue mimada por el padre, el cual a veces se sentaba para ayudarla en las tareas y cenar con ella y con sus amigos, hijos de los colaboradores. En la escuela era tratada como una “zarina”, un compañero suyo de clase recordaba que su banco brillaba como un espejo, el único que estaba pulido. Durante las purgas, cada vez que los padres de sus compañeros eran arrestados, estos eran cambiados de clase, para que ella no entrara en contacto con los “enemigos del pueblo”.
Sin embargo, las relaciones con su padre se deterioraron a la edad de 16 años, sea porque Stalin hizo “desaparecer” a dos tíos a los que ella estaba muy unida, sea porque encontró un documento reservado sobre el suicidio de su madre, que le había sido ocultado. “Algo dentro de mí se destruyó”, recordaba. “Ya no volvía a ser capaz de respetar la palabra y la voluntad de mi padre”.
Poco después, de hecho, se enamoró de un director de cine judío de 40 años, Aleksei Kapler, que, con una excusa, fue condenado por Stalin a diez años de exilio en una ciudad siberiana, pues desaprobaba su relación. A los 17 años se casó con Grigory Morozov, un compañero de estudios, también judío, tras recibir el permiso – de mala gana – del padre (“Es primavera. Si quieres casarte, hazlo, vete al infierno”, fue su reacción), quien nunca quiso ver al esposo.
En 1945 tuvieron un hijo, Joseph, pero se divorciaron en 1947. Dos años después, Stalin combinó su segundo matrimonio con Yuri Zhdanov (hijo de un colaborador suyo), pero también este matrimonio – del que nació su hija, Yekaterina – naufragó casi en seguida.
En 1953, Svetlana asistió a la muerte de su padre. La describió así: “La agonía era terrible, fue literalmente sofocado por la muerte. En el que parecía ser el último instante de vida, abrió de repente los ojos, arrojando una mirada sobre los presentes en la habitación, una mirada terrible, alocada o quizás de rabia, llena de miedo. Después, de repente, levantó la mano izquierda. El gesto era incomprensible, parecía de amenaza. Murió al instante siguiente”. Muchos hablan de muerte por envenenamiento, y hay quien sospecha incluso de Svetlana.
Después de la muerte del padre, ella asumió el apellido de la madre, Allilueva, y trabajó como profesora y traductora en Moscú. En 1963 vivió con un político comunista indio de nombre Brajesh Singh, hasta el día de la muerte de él. Con ocasión de ello se traslado a la India, sumergiéndose en las costumbres locales y abandonando el ateísmo en el que había sido educada por su padre y por la sociedad soviética. Se bautizó en la Iglesia ortodoxa rusa y, tras un encuentro con el embajador americano en Nueva Delhi, decidió huir a Estados Unidos, donde obtuvo asilo político, viviendo bajo la protección de los servicios secretos.
La conversión al catolicismo llegó gracias a su relación con el monasterio carmelita de Friburgo, donde estuvo oculta durante un mes, y a continuación, a su amistad con el padre Garbolino, un sacerdote italiano de Pennsylvania, que la invitó a ir en peregrinación a Fátima con ocasión del 70° aniversario de las apariciones.
“En 1969 el padre Garbolino vino a visitarme a Princeton, entonces yo era divorciada e infeliz, pero él, como buen sacerdote, siempre encontró las palabras adecuadas y me prometió rezar por mi”, escribió la mujer, que en aquel momento se había apasionado por los libros de Raïssa Maritain, mujer rusa de Jacques Maritain, también ella convertida al catolicismo tras haber sido criada en el judaísmo y en el ateísmo.
Tras haber escrito dos autobiografías – que se convirtieron en best-seller –, en las que denunció a su padre como un “monstruo” y atacaba a todo el sistema soviético –, entre 1970 y 1973 se unió en (tercer) matrimonio con William Wesley Peters, del que se separó cuatro años después. De esa unión nació Olga. Asumió el nombre de Lana Peters y en 1982 se transfirió a Cambridge, Inglaterra donde, con ocasión de la fiesta de Santa Lucía, pidió y obtuvo el bautismo católico. En cierto momento, contaba la propia Svetlana, incluso se planteó la posibilidad de ser monja. Tras una breve permanencia en la Unión Soviética (desencantada de Occidente) y en los Estados Unidos, volvió al Reino Unido hasta el 2009.
La correspondencia con el sacerdote católico inglés que la acogió en la Iglesia católica el 13 de diciembre de 1982, que vio la luz ya después de su muerte, revela la profundidad de su fe cristiana. “Gracias y de nuevo gracias”, escribía al sacerdote pocos días después del bautismo. “Gracias por haber abierto esta puerta para mí. No puedo describir la oscuridad de los últimos años, y la gran paz interior que me posee ahora”.
El 7 de noviembre de 1982, antes de su bautismo, describió su “constante y persistente admiración por la Iglesia de Roma” y el deseo “de estar allí”. “Como una brújula gira siempre hacia el Polo Norte, yo sigo girando todo el tiempo hacia la misma dirección: Roma. Acudo a la misa en Cambridge, miro a los mártires ingleses y a la Virgen, observo la vuelta de los fieles a sus asientos, tras haber recibido la Comunión: miro los rostros limpios de la gente. Me gusta ver esa transformación tan visible”.
La misma fe se ve también diez años más tarde, en una carta del 7 de diciembre de 1992, en la que cuenta que acudía cotidianamente los sacramentos y la iglesia carmelita de Kensington Church Street, al oeste de Londres. “Me siento fuerte y más fuerte después de estos 10 años, estoy en el lugar justo”. La última carta al sacerdote está fechada el 23 de enero de 1993.
La hija Olga, nieta de Stalin, tiene hoy 44 años y vive con el nombre de Chrese Evans en Portland, Oregon. Un periodista del Daily Mail logró encontrarla, amante de las armas y de los tatuajes, recuerda de su madre: “Tenía una fe increíble, me amó de un modo incondicional, como no he sentido de nadie más”.
En el libro “The Last Words”, dedicado a su amigo sacerdote, Svetlana hablaba de la abuela paterna, que mandó al joven Stalin al seminario ortodoxo de Tbilisi, en Georgia. “Pienso que todos los problemas y la crueldad de mi padre, la inhumanidad de su partido, fueron causadas por la abolición del cristianismo”, escribió. “Sus problemas comenzaron cuando abandonó el seminario a la edad de 20 años. Fue entonces, justo entonces, cuando su joven alma dejó de combatir el mal, y fue aferrada por el Mal, que nunca la abandonaría”.
“Recé a Dios por primera vez a los 36 años, pidiendo que curara a mi hermano Vasilij”, escribió. “No sabía ninguna oración, ni siquiera el Padre Nuestro. Me bauticé como ortodoxa el 20 de mayo de 1962, tuve la alegría de conocer a Cristo, pero ignoraba casi toda la doctrina cristiana. Maduré la conversión católica durante mucho tiempo, y del catolicismo aprendí sobre todo esto: la bendición de la vida cotidiana, incluso de la acción más pequeña y oculta. Nunca había sido capaz de perdonar y de arrepentirme; hoy, como católica, soy distinta a antes, sobre todo desde que voy a misa a diario. Fui acogida entre los brazos de la Virgen María, a la que nunca me había acostumbrado a llamar por su nombre”.
Svetlana Stalin murió el 22 de noviembre de 2011. Esta es la increíble historia de conversión de la hija del más sanguinario dictador de la historia, jefe del primer país oficial y políticamente ateo.

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VIDEO: El sueño de Francisco para la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia Presenta a Pier Giorgio Frassati como modelo para el más de millón de jóvenes presentes




Francisco tiene un sueño para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Cracovia: ayudar a descubrir el amor de Cristo a más de un millón de chicos y chicas.
Como buen educador, sabe que para comprender los mensajes más profundos hacen falta ejemplos de vida. Por este motivo, el Pontífice ha escogido como testigo de esta JMJ a un chico, estudiante, con el que los muchachos pueden identificarse, Pier Giorgio Frassati.
Frassati (1901-1925) fue un joven turinés, apasionado del alpinismo y el esquí, estudiante de ingeniería. Visitando a los pobres en sus casas contrajo una poliomielitis fulminante, que lo llevó a la muerte en una semana.
En el Mensaje con Motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, que el oapa Francisco dirigió a los muchachos que van a Cracovia, explica: “Pier Giorgio era un joven que había entendido lo que quiere decir tener un corazón misericordioso, sensible a los más necesitados”.
“A ellos les daba mucho más que cosas materiales; se daba a sí mismo, empleaba tiempo, palabras, capacidad de escucha. Servía siempre a los pobres con gran discreción, sin ostentación”, destaca Francisco.
“Piensen que un día antes de su muerte, estando gravemente enfermo, daba disposiciones de cómo ayudar a sus amigos necesitados —añade el Papa en su mensaje a los jóvenes—. En su funeral, los familiares y amigos se quedaron atónitos por la presencia de tantos pobres, para ellos desconocidos, que habían sido visitados y ayudados por el joven Pier Giorgio”.
Las reliquias de Pier Giorgio Frassati, que normalmente descansan en la catedral de Turín, han viajado a Cracovia, a la Iglesia de la Santa Trinidad de los Dominicos (Stolarska 12) para que los jóvenes puedan recogerse ante ellas.
En este vídeo, realizado por Aleteia.org se pueden descubrir las fotos más bellas de Pier Giorgio, beatificado por Juan Pablo II, quien le llamaba “el hombre de las bienaventuranzas”.
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CALENDARIO PASTORAL DOSMIL16-17



CALENDARIO PASTORAL DOSMIL16-17
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¿Por qué que rezar cada día a Dios Padre? El Papa responde en el Ángelus Por Alvaro de Juana




En el último Ángelus del mes de julio antes de que de inicio la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, el Papa Francisco explicó la importancia de llamar Padre a Dios y rezar cada día confiando en Él.
Explicó que el Evangelio muestra a Jesús que ora el Padre Nuestro, una oración que comienza con la palabra “Padre”. “Esta palabra es el ‘secreto’ de la oración de Jesús, es la llave que Él mismo nos da para que podamos entrar también nosotros en esa relación de diálogo confidencial con el Padre que ha acompañado y sostenido su vida”.
Francisco afirmó que “la oración de Jesús es la oración cristiana, es antes que nada, un hacer sitio a Dios, dejándole manifestar su santidad en nosotros y haciendo avanzar su reino a partir de la posibilidad de ejercitar su señoría de amor en nuestra vida”.
El Papa recordó que en el Padre Nuestro también se pide por el pan, el perdón y la ayuda en las tentaciones. “El pan que Jesús nos hace pedir es el necesario, no el superfluo; es el pan de los peregrinos, un pan que no se acumula y no se estropea, que no retarda nuestra marcha”.
“El perdón es, antes de todo, aquél que nosotros mismos recibimos de Dios: solo la conciencia de ser pecadores perdonados de la infinita misericordia divina puede hacernos capaces de cumplir concretos gestos de reconciliación fraterna”.
Por último, “no caer en la tentación” expresa “la conciencia de nuestra condición, siempre expuesta a las insidias del mal y de la corrupción”.
En el Evangelio del día también hay dos parábolas que “quieren enseñar a tener plena confianza en Dios, que es Padre”. “Él nos conoce mejor que nosotros mismos nuestras necesidades. Pero quiere que le presentemos con audacia e insistencia, porque este es nuestro modo de participar en su obra de salvación”, añadió.
El Papa explicó que “la oración es el primer y principal ‘instrumento de trabajo’ que tenemos en nuestras manos”. “Insistir a Dios no sirve para convencerlo, pero robustece nuestra fe y nuestra paciencia, es decir, nuestra capacidad de luchar junto a Dios por las cosas de verdad importantes y necesarias”.
Francisco destacó también la importancia del Espíritu Santo y afirmó que sirve “para vivir bien, vivir con sabiduría y amor, haciendo la voluntad de Dios”. 

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Santiago el Mayor, 25 de julio «Primero entre los apóstoles en obtener la palma del martirio, patrón de España. Origen, por tradición, de la Ruta Jacobea y de la espiritualidad mariana del Pilar, en Zaragoza»

Este galileo, hijo del Zebedeo, compartía el mismo nombre con otro de los apóstoles: el descendiente de Alfeo. Santiago era natural de Betsaida donde pudo nacer hacia el año 5 d. C. en una acomodada familia de pescadores. Fue uno de los elegidos personalmente por Jesús, quien le invitó a seguirle cuando se hallaba ganándose el sustento en el lago de Genesaret. Su hermano Juan, el «discípulo amado», que compartía con él la faena, también fue objeto de llamamiento en ese instante, y se apresuraron a ir en pos del Maestro por el que entregarían su vida. La inmediatez de su respuesta, dejando trabajo y familia al momento sin sopesar los riesgos ni detenerse a pensar racionalmente, signos que se manifestaron antes en Pedro y en Andrés, es una de las características del seguimiento, testimonio vivo para quienes son sorprendidos por Jesús en cualquier recodo del camino. Comprendieron en ese minuto que supuso el cambio radical de sus vidas lo que encerraba el espíritu inserto en sus palabras: «os haré pescadores de hombres». De algún modo entendieron que implicaban mucho más que sobrenaturalizar su oficio; les colocaba en el disparadero hacia el paraíso prometido.

A Santiago el Mayor se le atribuye haber aparecido en diversas batallas.  (Catedral de Córdoba - Wiki commons Marshall Henrie)
Da idea de cómo sería el temperamento de estos jóvenes pescadores el sobrenombre que Cristo les dio: «boanerges», esto es, «hijos del trueno». Algunos pasajes evangélicos reflejan su primitivo carácter impulsivo e inmaduro. También una cierta osadía, no exenta de ingenuidad, pero en todo caso envuelta en la ambición y su inseparable egoísmo cuando secundaron a su madre en la petición de prebendas que hizo para ellos. El Redentor respondió con infinita paciencia, haciéndoles una observación que fue profecía. ¿Serían capaces de beber el cáliz? Su respuesta afirmativa fue corroborada por Él, y se cumplió en Santiago con su cruento martirio, pero el objeto de la conversación: saber si podrían ser encumbrados en el cielo uno a la derecha y otro a la izquierda, estaba en manos del Padre. Indudablemente, la impetuosidad y la pasión bien encauzadas son fuente de gracias. Así que la volcánica vehemencia que albergaba el corazón de estos hermanos tuvo en Jesús la vía genuina para seguir creciendo en la línea adecuada. Los dos despertaron el anhelo de incontables personas que, seducidas por esa cascada inagotable de pasión por lo divino que apreciaban en ambos, se dispusieron a entregar a Dios sus vidas. 
Santiago, junto a su hermano Juan, y a Pedro, conforman una privilegiada tríada dentro de la comunidad de los Doce. Fueron testigos de momentos singulares que a otros discípulos les fueron vedados. Acompañaron al Redentor en instantes gloriosos y también dolorosos. Contemplaron la Transfiguración en el Monte Tabor, que ardientemente desearon haber podido prolongar, y de no haber sucumbido al sueño los tres habrían apreciado su terrible agonía en Getsemaní porque eran los que se hallaban más cerca de Él en esos momentos. Santiago estaba presente cuando Jesús devolvió milagrosamente la salud a la suegra de Pedro y resucitó a la hija de Jairo. Tuvo la gracia de ver al Maestro, ya Resucitado, al producirse su aparición en las orillas del lago de Tiberíades y se encontraba en Jerusalén en el momento de la venida del Espíritu Santo.
Tras la Resurrección, los discípulos dieron inicio a una labor evangelizadora que a algunos les condujo muy lejos de las fronteras en las que se habían movido. Según la tradición, Santiago llegó a España, dejando la huella de la fe directamente recibida de Cristo en dos lugares emblemáticos: Galicia y Zaragoza (la antigua Cesaraugusta). Primeramente habría pasado por la tierra gallega y una vez sembrado allí el evangelio se trasladaría a Zaragoza. En las orillas del río Ebro descansaría de las intensas jornadas apostólicas junto a un grupo de siete seguidores, los «Varones apostólicos», los únicos que se habían convertido. Afligido ante la dureza de corazón de las gentes en las que había hecho mella el paganismo, obtuvo el consuelo de la Virgen que se le apareció en esas riveras el 2 de enero del año 40 d. C. Se hallaba de pie, sobre una columna de luz rodeada de ángeles. Después de asegurarle que obtendría grandes frutos apostólicos, le encomendó que erigiese una iglesia levantando un altar justamente en el lugar donde estaba el pilar en el que reposaba. Acompañó su petición con la promesa de que Ella permanecería hasta el fin de los tiempos en ese sitio, «para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio». Además, le indicó que regresara a Jerusalén después de materializar su ruego. Dicho esto, María desapareció y quedó la columna de jaspe en torno a la cual se edificó la iglesia solicitada, actual basílica de la Virgen del Pilar en la ciudad de Zaragoza. 
Santiago volvió a Jerusalén, como Ella le había pedido, y el año 41 fue martirizado durante la persecución del rey Herodes Agripas. Fue el primer discípulo mártir. Luego, siempre según la tradición, su cuerpo, inicialmente sepultado en Jerusalén, fue trasladado por sus discípulos a Galicia. Sus restos se veneran en la catedral de Santiago de Compostela. Los estudiosos no se ponen de acuerdo a la hora de ratificar la fiabilidad de estos hechos. Además, hay discordancias como la datación de fechas que no encajan en la historia. Pero lo cierto es que la que se ha considerado su tumba dio lugar a la Ruta Jacobea, una de las corrientes más fecundas de la historia a todos los niveles espirituales y culturales, incesantemente recorrida por millares de peregrinos que acuden a visitarla desde hace siglos. Esta es la realidad incuestionable; no precisa ser contrastada. Otras vías, que tampoco están corroboradas, subrayan nuevas trayectorias del apóstol Santiago que pudo llevarle a Cartagena y a Lérida. Es el patrón de España y de otros muchos países del mundo, objeto siempre de gran veneración, especialmente en Latinoamérica.
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Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España


Hoy es fiesta de Santiago Apóstol, patrono de España
El 25 de julio la Iglesiacelebra la fiesta de Santiago el Mayor, uno de los doce apóstoles elegidos por el Señor y que se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.
San Crisóstomo dirá que él fue el apóstol más atrevido y valiente.
El “hijo del trueno” como le puso Jesús a él y a su hermano San Juan el Evangelista, es patrono de España y de su caballería, así como de los curtidores, veterinarios, equitadores y de varias ciudades en el mundo. Otras ciudades incluso llevan su nombre en países como Chile, República Dominicana, Cuba entre otros.
El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar "Sant Iacob, ayúdenos" y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a Santiago.
Fue testigo con Juan y Pedro de la Transfiguración del Señor en el Monte Tabor, de la pesca milagrosa y de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre los pasajes más representativos.
La tradición cuenta que llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es considerada su principal Santuario, a donde peregrinan miles de personas cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela.  
El 9 de noviembre de 1982, cuando San Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos”, porque los otros continentes “te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.
“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesiauniversal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”, expresó el santo polaco.
El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como "Pilar" de la Iglesia.
El Papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.
Para conocer más sobre este apóstol del Señor ingrese a los siguiente enlaces:
  • Biografía
  • Oración a Santiago Apóstol
  • Oración a Santiago Apóstol para pedir su interseción
  • Santiago Apóstol y la Virgen del Pilar
  • Santiago y la Virgen María
  • Especial de Santiago el Mayor, Apóstol
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Fiesta de Santiago, apóstol

Carta II de San Pablo a los Corintios 4,7-15. 
Hermanos:
Nosotros llevamos un tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados;
perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal.
De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida.
Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos.
Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.
Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.



Salmo 126(125),1-2ab.2cd-3.4-5.6. 
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones.

Hasta los mismos paganos decían:
“¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!”.
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría!

¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones.

El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas.





Evangelio según San Mateo 20,20-28. 
La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
"¿Qué quieres?", le preguntó Jesús. Ella le dijo: "Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda".
"No saben lo que piden", respondió Jesús. "¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?". "Podemos", le respondieron.
"Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre".
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo:
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".



Leer el comentario del Evangelio por : San Gregorio Magno  
Beberéis mi copa
Parroquias Santos en 0:00 No hay comentarios:
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